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18 de enero de 2015

Altagracia


       Su padre, Ramón, vivía en la pobreza más absoluta, en una casucha miserable, junto a la playa a doscientos metros de Huayamico y de su playa de arenas doradas que eran, cada domingo por la mañana, un hervidero de chicos jugando a pelota, con porterías de palo y balones viejos de los que sobraban cuando ya de puro pasados en los entrenamientos perdían su esfericidad.
       Ella, Altagracia, era la más pequeña de todos los hermanos, siete de familia, todos chicos, y nunca tuvo más juguete que el común de todos, esa pelota que día tras día llevaban a la orilla del mar para intentar emular a sus ídolos. Ella también, sí, ella también. Ella era una futbolera más desde chiquita, primero haciendo casi de poste, luego yendo a buscar la bola cuando se iba al agua y más tarde, en un extremito del equipo, gambeteando y riendo al ver como se escapaba siempre por el corner y volvía locos a los chicos. “Acá, Altagracia, acá” y ella levantaba la cabeza y ponía el balón siempre al pie, exactamente al hueco justo donde llegaba el compañero para hacer gol o casi gol, o eso que llamaban una situación de peligro inminente.
       Poco a poco la niña fue haciéndose una buena futbolista, la mejor jugadora de la playa. Era ligera como las gaviotas y fuerte como las águilas, precisamente el nombre del equipo de futbol de sus sueños, ese en el que jugaban los mejores de la provincia, el equipo de la capital de la marca. Un día, con quince años, su padre, Ramón le dijo: “Mira Altita, qué pena que seas chamaca, porque juegas bien, serías una estrella en los Àguilas si no fueras una niñita”
       Altagracia bajó la cabeza y dijo muy quedo: “Lo seré, yo lo seré…”
       Así fue pasando el tiempo y unos meses después vino Roberto, el mayor de los hermanos, con la noticia: “Hay pruebas en la capital. Augusto, el del barraco de la playa, va a llevar a unos cuantos chicos a probar en los juveniles de las Águilas” “Quiero ir – gritó Altagracia – yo quiero ir” “Pero donde vas a ir, niña, es para muchachos, para hombres, tú no vales”
   “Yo valgo, yo juego bien, yo os rompo la cintura jugando” “Sí…pero eres chamaca, eres mujercita…” “ Pero yo voy, yo me aprieto el pecho y voy y juego, y me ven” Ramón miró con ironía pero con ternura a su hija. Cansado pero firme dejó la botella de cerveza a un lado y le dijo a Roberto: “Llevadla. Tiene el pelo corto. A los quince años, con las tetitas vendadas y una camiseta, nadie sabrá. Además, no tiene casi pecho y no se va a duchar, ¿verdad hija” “No padre, saldré corriendo después” “ Pues eso, llevadla, que pruebe. Y que no salga ni palabra de nadie. O os parto la madre”
       Con voto de silencio y juramento secreto, los chicos de la playa llevaron a la capital a Altagracia. Augusto reía. “Qué embromada no mas, si pillan a la niña, no más que risotada. Llevar a los fenómenos de la playa y a ella, no más que broma pelotuda”.
      Llegaron y Altagracia, seria y decidida, se puso las botas, y el uniforme que le dieron las Águilas. Y saltó al campo. Y ante el asombro de todos hizo diabluras. Gambeteos, pases imposibles, incluso marcó un gol driblando a todos los contrarios y dejando la pelota en el fondo de la portería, entrando con ella dentro. Los ojeadores y el entrenador lo tuvieron claro. “Tú, el siete, pasa dentro. Te hacemos el reconocimiento médico y, si todo está bien, ya eres de las Águilas” Altagracia sonrió había conseguido su gran sueño. Iba a jugar en las Águilas. “Pero, niña, no puedes, el reconocimiento médico… no lo pasas. Te van a desnudar” “Si, puedo, déjame tranquila, si puedo”
       Altagracia entró en la habitación del médico. Pasó media hora, una hora…y por fin, salió, con los ojos acuosos y una amplia sonrisa, mirando al suelo…luego, miró a Augusto y le dijo: “¿Ves como si podía? Me han fichado. Tengo que volver la semana que viene a empezar los entrenamientos” Todos callaron sin entender nada.



       Altagracia, de regreso al pueblo, en el coche de Augusto pensaba. “Sí, ya no soy virgen, perdí un poco de sangre y me hizo daño. Sí, ya no soy virgen, pero soy de Las Águilas”




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