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5 de enero de 2015

Diario de una rubia, de Alejandro Pérez

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     Buenas tardes. Muchas gracias por estar aquí.
       Me llamo Santiago Solano Grande y me toca hablar de la publicación titulada “Diario de una rubia” de la que es autor mi amigo el escritor D. Alejandro Pérez García, columnista en el Diario de Ávila durante una buena temporada, por no ir más lejos, autor del libro de cuentos “Leña y papel”, para ponernos en tema, y hoy Secretario General de Escritores en Red, de nuevo - ya lo fue hace algunos años -, y bloguero de pro: no en balde tiene uno titulado Caminar y contar, otro con cabecera que reza Alejandro Pérez y Faustino del Monte,
que es el mismo autor con dos disfraces distintos, y un tercero en esta asociación de lo digital citada con anterioridad. Todo esto entre otras muchas tareas y oficios que no vienen al caso citar ahora.
       Lo primero que tengo que decir es que a esta rubia de ojos esmeralda ya la conocíamos los amigos que seguimos el quehacer bloguero de Alex, que en este último, en el de la asociación de lo digital, de Escritores en Red hablo, de vez en cuando, se han ido filtrando alguna de las aventuras y desventuras que la memoria de la protagonista ha dejado caer a modo de adelanto de lo que hoy ya podemos tener como libro, libro de memorias, que eso es lo que presentamos esta tarde/noche.

De izquierda a derecha: Santiago Solano, Alejrando Pérez, Emilio Porta
Presentación del libro en la AEAE  el 29-nov-2014
Foto de Manuela Lozano

       Lo segundo que tengo que decir es que yo no he leído el libro, este libro que ustedes han venido a comprar, porque para eso hemos venido, no nos engañemos. Yo al menos estoy aquí, entre otras cosas para aconsejarles que lo hagan. ¡Que se van a pasar un buen rato! Que se van a reír con el humor sutil que destilan sus páginas- liviano y terrible como una copa de buen vino -, se van a conmover - intenso y desesperado, como un amor de juventud -, se van a llenar de buenos pensamientos - de buenas vibraciones, de alegría -, como cuando llega un buen “finde” tras una semana de arduo trabajo; también, si son propensos a ello, podrán soltar alguna lagrimita, que de todo hay en la vida de esta rubia de curvas perfectas.
       Y me dirán ustedes que cómo sé yo todo esto que sé y que les contaré a continuación si no he leído este libro. Pues porque he leído una copia privada que me ha pasado el autor telemáticamente hablando; y lo he leído en este lector de libros electrónicos. No en papel, sí en digital. Hago esta advertencia porque las citas de las páginas que yo hago me temo que no se correspondan en absoluto con el paginado del libro que hoy presentamos. Así que tendrán ustedes que ir leyéndose el formato clásico despacito para ir llegando a lo que yo considero son los puntos álgidos, o más literarios, o de mejor contenido que se pueden encontrar en este libro.
       Hasta la página ciento treinta y nueve he ido estudiándolo con la satisfacción del encuentro con un texto memorístico que no dudo en calificar de clásico. Tal su sencillez y su precisión. Ahí ya he cogido el bolígrafo y he tomado notas. Habla aquí la rubia platino del oficio de escribir. Y a mí, que también me gusta esto de tirar mis palabras al papel, estas cosas me conmueven. Dice nuestra amiga que 
“algunos pensarán que esto de escribir es una nadería del ocioso, o un entretenimiento como pescar, pasear, sacar a la mascota, coleccionar cromos o tomar unos vinos con los amigotes. No. Escribir no es eso. Tampoco definiré esta ocupación recurriendo a la petulancia de citas grandilocuentes: «Escribir es llorar», «Escribir es la dieta ideal, porque escribiendo no se come», «Escribir es vivir». No, no. Esto es un ejercicio único, personal, que cada cual practica con conocimientos propios o experiencias cercanas. Para mí es una necesidad que me nace en lo más hondo y crece en la oscuridad de la mente. A veces, veo ese impulso como una bestia enjaulada, que deja de rugir cuando se ve libre en la jungla de papel”. 
       Yo no sé ustedes, pero yo estoy de acuerdo con todo esto punto por punto; vamos que me siento identificado, y por ello enganchado a estas memorias - esto quiere decir que el texto es adictivo, tan adictivo como lo puede ser una novela de suspense bien trazada -; esto es, que no son ya las memorias de la rubia voluptuosa, sino las mías, las de ustedes, la de todos. He aquí pues una de las excelencias, un punto del buen hacer de Alex: de lo particular, llevarnos a lo general; así, como sin enterarnos, de la mano, sin apenas darnos cuenta.
       A partir de la página ciento treinta y nueve toda la lectura ha sido un incesante parar a tomar notas. En la ciento cuarenta y cuatro habla de las musas y de la trama, y de la intriga, y del montaje de una ficción como un profesional, lo que nos deja claro que la rubia de manos suaves sabe lo que hace, lo que dice, lo que cuenta y cómo lo cuenta. Un poco más allá divide el mundo que le toca vivir en tres grandes grupos. El banquero para el que sólo existe el capital y para el que todos los demás están abajo, bajo la suela de su zapato de dinero. El empleado, con un ojo arriba, fijo en las manos de su señor, y el otro abajo, al otro lado de la ventanilla del banco, fijo en los clientes, ese tercer grupo que es, puede ser, arrogante y patético a la vez, atrapado entre dos fuegos, sufridor de unos y otros, y no obstante bueno como el pan de cada día.

Público asistentea
Presentación del libro en la AEAE  el 29-nov-2014
Foto de Manuela Lozano

       Y la rubia de pies acharolados sabe de Tagore sobre las ciento setenta y ocho y se siente un poco como los cuatro evangelistas, un poco como que ella sólo cuenta lo que pasa, alguien ajena a la realidad. Y que es la esencia de este contar su misión, el por qué de su escritura, que es la única misión del escritor, entiendo yo, dar noticia del tiempo que le toca vivir.
        La rubia despampanante no viaja en una moto con matrícula BA, que no es de Badajoz, sino de Barraco, pero sabe muchas cosas de ese pueblo. Fíjense ustedes que conoció nada menos que a Don Casimiro, el legendario párroco abulense, que terminaría siendo barraqueño de pura cepa, y con quien estuvo de romería más de una vez; la romería de San Marcos, no podía ser otra, que la describe con una maestría que ya quisiera Julio César para su “Guerra de Las Galias”.
       Y pese a toda esta belleza exterior de la rubia que he ido desgranando hasta esta línea, lo que más impacta es su habitación interior. Se desazona cuando piensa en el final que sabe le espera ciertamente. Admira a esa generación permanente que entró en el mercado laboral en los años cincuenta del pasado siglo, y ahora cuida de sus mayores, y ahora se adapta a la modernidad de sus hijos, y de sus nietos, y que nunca tuvo un duro, y que nunca tuvo más que problemas, y que calla, y que sostiene un país que está podrido de arriba abajo. El de arriba porque nunca se cansa, siempre quiere más rendimiento a su bolsa. El de abajo porque quiere el máximo rendimiento a sus cuatro perras y ni un céntimo de comisión para ese empleado de ventanilla del banco que tiene siempre una sonrisa amable, incluso cuando la espada del usurero le lleva a mentir, a engañar incluso. Así lo dice en la página doscientos cuarenta y una: 
“Me gustaría que algunas cosas fuesen como parecen. Hay mucha mentira en la vida”.
       A estas alturas ya se habrán dado cuenta ustedes que esta rubia, este personaje de belleza sin par, es el personaje del que se sirve nuestro amigo Alex para rendir homenaje a todos los que compartieron con él cercanías en su puesto de trabajo, en sus lugares de ocio; en su vida, en definitiva. No deja de tener cierta nota de exotismo literario que para contar sus memorias recurra a la voz narradora de esta rubia. Exotismo éste que le sitúa en el mismo punto de vista que adopta D. Miguel de Cervantes cuando escribe en su Don Quijote de la Mancha que él transcribe unos papeles que escribió un tal Cide Hamete Benengelique. Así Alex. Esto no son sus memorias, son las de esta rubia deslenguada que corta por donde le parece y dice lo que piensa sin importarle lo que vaya a pensar usted.

Ojos de pez desde la posición del autor
Presentación del libro en la AEAE  el 29-nov-2014
Foto de Manuela Lozano

       Ante cualquier queja de cualquiera de los que se vean reflejados en esta historia, que memorias noveladas son, lo tiene muy fácil. Siempre puede decir que él nunca habría escrito lo que esta rubia furiosa ha escrito, que él no piensa lo que piensa ésta… digamos que musa. Que una cosa es la ficción, y otra la realidad, y otra bien distinta lo que él piensa de cada cual, en la realidad o en la ficción; que esto siempre se lo reserva, sólo porque quiere, claro, que ése es su privilegio.
       Bien, y hasta aquí todo cuanto tenía que decir, que del apabullante final de este libro nada desvelaré. Nada diré de lo de Marta y Cristóbal. Nada de lo de la aparición de los papeles de la rubia en las extrañas circunstancias en las que aparecieron. Nada de la enigmática desaparición de esta rubia extraordinaria en…, etc. Nada diré de todo esto que conforma todo el mucho de excelente atractivo que ofrece esta novela. Sí, novela, creo firmemente que tal es.
       Que ustedes se lo compren bien, que ustedes se lo pasen bien.


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