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31 de enero de 2015

La primera cruzada y el grial

Miniatura siglo XII representando una cruzada
     En 1064 el Papa Alejandro II, respondiendo a la llamada de auxilio del Rey de Argón Sancho Ramírez, hizo un llamamiento a la guerra Santa al que acudieron señores de toda Europa. Aquellos caballeros tomaron la cruz como estandarte. Participar en esta contienda te liberaba de todos tus pecados. Los que cometiste antes y los que cometerías durante esta sangrienta campaña.
       Así comenzó la primera cruzada de la historia. Su sagrado objetivo tomar la ciudad de Barbastro…
       Los hechos pudieron ocurrir así:

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La Aljaferia de la Ciudad Blanca
hoy conocida como Zaragoza 
       Una magnifica comitiva a caballo se dirige al santuario de San Juan de la Peña. A la cabeza de este séquito un jinete porta una bandera blanca. La tela de la que está hecho este estandarte nunca se había visto por aquellas tierras pirenaicas. Los habitantes de estos montes se sorprendían de lo extremadamente fina y brillante que era. No conocían la seda, nunca habían visto corceles con las bridas hechas de oro.
        El sabio rey Al-Mugtadir que gobierna e la taifa de la ciudad blanca (Zaragoza) ha enviado este pequeño grupo de diplomáticos para intentar firmar la paz con el nuevo Rey Aragonés Don Sancho Ramírez. Le llevan un presente en señal de buena voluntad.
       Cuando el embajador musulmán abre el cofre donde guarda aquel regalo un murmullo se levanta en la lóbrega y húmeda sala. Alumbrada por las tenues velas y por la poca luz que entra por los ventanucos aquella maravilla brilla con luz propia.

Replica del Santo Caliz
en San Juan de la Peña

       Los monjes se santiguan, aquello parece estar hecho por las manos de los ángeles. Ante los atónitos ojos de todos, los hispano-musulmanes les habían traído un relicario para el Santo Cáliz.
       Una vez unidas las dos piezas parecía que la taza de ágata sobre la que el Nazareno había puestos sus labios en la última cena y el resto de la copa fuesen un objeto indivisible.
       Este era el modo de pedir perdón por haber matado a su padre, Ramiro I, durante el fallido asedio de Graus unos meses antes.

Ilustración de La cruzada de Barbastro 
ediciones Ikusager 

       Aquella fortaleza ribagorzana había estado bien defendida por los mercenarios castellanos a sueldo de los musulmanes. Entre ellos destacaba uno al que los musulmanes por su carisma simplemente llaman Mi Señor “Mío Sid”, mezclando el árabe y la lengua romance, su nombre era Rodrigo Díaz de Vivar.
       El regalo muy al contrario de lo que pretendía el Califa desataría la codicia del joven Rey. Incapaz de que el recién nacido Reino de río Aragón pudiese competir con las prosperas Taifas del sur solicitó el auxilio Papal.
       Por primera vez en la historia un ejército formado por Normandos, Franceses e Italianos atraviesa los pirineos donde se unen a las tropas del Conde de Urgel y las huestes del Rey Argones.

Ilustración de la cruzada de Barbastro
ediciones Ikusager 

       La primera cruzada había comenzado. Arrasaron con facilidad Graus, a la que esta vez los castellanos no quisieron vender sus servicios temerosos de las represalias papales. Barbastro resistió durante meses pero el corte de suministro de agua a la alcazaba fue decisivo y la ciudad tuvo que capitular. Los tratados de la rendición no fueron cumplidos y los cruzados arrasaron la ciudad. Más de 20.000 personas fueron asesinadas. No se respetó a mujeres ni a niños, no se perdonó a los cristianos mozárabes. Las hordas fanáticas solo frenaban su masacre para celebrar la santa misa, comulgar y seguir con su sanguinaria labor. En el zoco los cadáveres y las moscas se mezclaron con las exóticas especias venidas de la India. Los baños árabes se llenaron de sangre y vísceras de los infieles, los incultos católicos no conocían su uso. El botín del saqueo fue algo nunca visto. Al oro y la plata se sumaron perlas negras y cerámicas China junto a miles de esclavas traídas de Senegal.
       Al igual que ocurriría en tierra santa años después, acabada la misión los guerreros pronto regresaron a sus territorios. Su alma estaba ya salvada y sus bolsillos repletos.


Ilustración de la cruzada de Barbastro 
ediciones Ikusager 

       El califa de Zaragoza esperó este momento para contraatacar. La pequeña guarnición que se había quedado al cuidado de Barbastro fue pronto sometida. La ciudad que antes de la cruzada pertenecía a la taifa de Lérida, donde gobernaba su hermano y rival Al-Mussafar, pasó a manos de califa de Zaragoza.
       Al-Muqtadí lloró amargamente cuando atravesó aquella muralla. Lejos quedaba su sincero intento de firmar la paz y el respeto con los vecinos católicos. Hoy en la catedral de Valencia aquel cáliz sigue teniendo el relicario medieval y en su base la inscripción en árabe en caracteres cúficos dejan clara esta intención. Se trascribe como Li-Izahirati o lizáhira, “Para el que reluce”.

Detalle del gravado en el relicario de Santo Caliz


Fuentes:






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