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4 de febrero de 2015

Espectáculo



       — Vamos, siéntate. No vaya a ser que hoy se decida y nos lo perdamos.
       — Voy, pero no creo. Lleva así todas las tardes desde hace siete días.
       En el edificio de enfrente, a través de una ventana, veíamos a un hombre subido a una silla y con un cable anudado al cuello sujeto a una argolla del techo.
       Cada tarde la misma escena: bajaba, subía, daba vueltas por la habitación… se volvía a encaramar, arrimaba la punta de los pies al borde de la silla… pero nada.
       No se decidía.
       — Bueno pues voy a por el café. Parece que hoy tampoco.
       — Ya te lo dije. Es un cobarde. A ver si mañana…

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