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2 de febrero de 2015

“Exodus: Dioses y Reyes”



Extraída de Google


        ¡Qué decepción! Yo esperaba una superproducción de excelsa factura, tal como nos prometía el tráiler o la firma de su director, el magistral Ridley Scott, pero me encontré con un fiasco. ¡Qué pena!, otro cineasta que en su plena madurez me desencanta, como antes me ocurriese con el genial Steven Spielberg.

       Analicé, por si era el problema, la música de Alberto Iglesias, dignísima; la fotografía de Dariusz Wolsky, más que aceptable y los efectos especiales, cómo no, soberbios; y también esas otras cosas como el montaje, vestuario, tal y tal, y resultó todo muy decente. Pensé en los actores, Christian Bale, Joel Edgerton, Aaron Paul, Sigourney Weaver, etc, y me di cuenta de que tampoco fallaban ellos.
        ¿Entonces, qué era? ¡Pues ya está!, el paupérrimo, raquítico y estrambótico guión en que se apoya el film, rubricado conjuntamente por tres guionistas, o mejor dicho por un guionista y dos ayudantes expertos en historia, o algo así vienen a decir los créditos, a los cuales no voy a citar por no herir sensibilidades, aunque desgraciadamente ya van señalados con el título que comentamos, lo lamento.
        En su favor, decir que seguramente sufrieron tremendas presiones de sus contratistas para que confeccionasen un texto mísero, algo que intentase bailar con todos los espectadores sin casarse con ninguno, y en fin, como lo importante hoy día son la “mierda” (disculpad la grosería, no me sale otra palabra) de los efectos especiales, y había que dejar espacio para maremotos, ciudades y muchedumbres diseñadas por ordenador, plagas de moscas y de ranas, por lo visto estas sí, auténticas, y precipicios que se desmoronan, pues con un par de folios tenían suficiente para desarrollar los diálogos totales de cuantos personajes aparecen en el film de 151´ de duración.
        En fin, podrá creerse que es realidad lo que cuenta la Biblia, o no, allá cada cual, pero al menos hay que concederle el que se trata de una narración sólida, proporcionada, seria, acorde con la mentalidad de los hombres de aquellos remotos tiempos en que fue escrita, y desde luego mucho más profunda y fascinante que el torpe libreto redactado para esta gran superproducción, indigna de todo punto de compararse ni de lejos con la cinta de “Los diez mandamientos”, por nombrar alguna bíblica.

Extraída de Google
        Esta nueva versión de la vida de Moisés es para mí infumable, lo siento. Os apunto algunas de mis críticas más señaladas. Para empezar trata de hacer un guiño al espectador moderno, como si nos hiciese alguna falta en este sentido, sugiriéndonos, mediante previo golpe en la cabeza y desmayo del protagonista, que lo de la zarza ardiendo sin consumirse y todo lo de sus conversaciones con el Dios del Antiguo Testamento, son meras alucinaciones, y por si no nos ha quedado claro con ese detalle, refuerza la tesis propuesta mediante la reiterada escena de su hermano Aarón contemplando escondido como Moisés habla solo, cada vez que nos lo muestran a los espectadores conversando con el Señor.
        A todo esto, el dios que nos proponen es un niño de unos diez años, de siniestro semblante (por cierto, el pequeño actor trabaja francamente bien), severas locuciones y peregrinos hábitos. Habrá quien piense que es todo un acierto el retratar así al inhumano Todopoderoso del Viejo Testamento, pero creo, que ya que se trataba de describirnos un desvarío mental causado por un traumatismo, se podrían haber ahorrado el esperpento, máxime cuando la Biblia lo que cita es que en la escena señalada únicamente estaban la zarza ardiendo y una poderosa y profunda voz.
        Y digo bien, esperpento o fantoche, porque, con mucho desacierto, los responsables del film se permiten en algunas escenas recurrir al típico susto de las “pelis” de terror, con repentinas apariciones del niño-dios en momentos inesperados que producen sobresalto al protagonista y también al público, vamos… ¡aberrante!
        Pero, para dar un pequeño respiro de alivio a los confundidos creyentes, de nuevo con poca fortuna, nos presentan la última plaga, la de la muerte de los primogénitos, como un auténtico fenómeno sobrenatural, al contrario de las otras plagas, hasta explicadas de alguna manera por los eruditos de la corte del faraón.

Extraída de Google

        Y termino aquí, contando el último desaguisado del equipo de Ridley Scott: describen a los representantes de la civilización egipcia, sacerdotes, médicos, etc, como auténticos payasos y a su extraordinaria cultura como si se tratase de un circo de zoquetes, todo en busca de unos innecesarios toques de hilaridad.
        ¿Falta talento a los escritores y guionistas norteamericanos o españoles? (hablo de ambos pueblos puesto que se trata de una coproducción). Pienso que en absoluto. En España podemos andar por unos cien mil autores publicados y en activo ahora mismo, no creo exagerar, vaya usted a saber en E.E.U.U, ¿quizás diez veces más? Entre esos miles, muchísimos genios de la creación literaria, pese a que no los lean más que los amigos.
        Si en un filme de esta envergadura trabajan del orden de quinientas personas, extras a parte, todas ellas altamente especializadas y cualificadas; si para recrear un efecto especial cualquiera se ponen manos a la obra varias decenas de técnicos, ¿no resulta sorprendente que al elemento más importante de una película, para mí sobre todo el guión, que marcará la auténtica diferencia entre un bodrio y una obra de arte, se dediquen uno, dos o tres individuos, muchas veces simples conocidos del director, cuando no él mismo, y den por bueno cualquier garabato sin la menor ponderación?
        La verdad, si no son capaces de tomarse en serio la calidad de los argumentos que narran… sí, mejor que sigan recreando títulos del pasado, aunque, por favor, que no los recorten y expriman en beneficio de “fuegos de artificio”. Eso no es cultura.




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