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8 de marzo de 2015

Lienzos del pasado


4

       Su madre se despertó extrañada de aquel silencio y de la ausencia de aquel quejido lastimero de cada noche. Adela abrió los ojos y experimentó la angustia de quien descubre que de pronto le falta el aire, saltó de la cama y encendió el candil, ojeó la habitación. Al no verla en su lecho dijo: 
       — Me la han secuestrado. 
       Salió a la calle e inmediatamente la reconoció. Relató años después que tenía la boca manchada de tierra.
       — Y el pelo, y las ropas; era más un animal salvaje que una niña. 
       Y seguidamente el adagio. 
       — Éramos pocos y parió la abuela. 
       Le dio unos azotes; ella guardó silencio. La desnudó y la sumergió en el agua fría de la pila. Le restregó todo el cuerpo con un estropajo de cuerdas; ella ni se inmutó. La volvió a meter en la cama; ella se puso a jugar con sus dedos diminutos y a sonreír. 
       El canto del convento se posó sobre el pueblo en ese mismo instante. Las bestias resoplaron en las caballerizas y los gallos cantaron. Los hombres del campo abrieron los ojos y se desperezaron, se pusieron sus camisas blancas de lino y sus pantalones de pana, las sandalias de cuero en los pies y el sombrero de paja sobre la cabeza; cortaron seguidamente la cecina y la hogaza de pan, llenaron las botijas, subieron las alforjas a los asnos, salieron a la calle y vieron al astro rey que ya iba pintando el cielo de rojo y tiñendo la bóveda celeste de azul. 
       — Normalidad - gritan las ramas de las encinas. 
       Doña Fernanda incluso dejó para el día siguiente el alumbramiento de Fulgencio; iba a ser "Fule" para los amigos. Todos creyeron que lo hizo con intención y alevosía. 
       — Para arropar el hecho excepcional acaecido con la mediocridad de lo habitual. 
       Otros dijeron que todo era cosa del destino caprichoso que jugaba a disimular los verdaderos motores de la existencia humana. Don Agapito mismo jamás supo nada de esto. La ilusión del heredero que le iba a nacer de Fernanda lo poseía. Siguió pues navegando en su sueño de hidalgo, se esforzó una vez más en olvidar la profesión de mujer oscura de la que había vivido su madre y la posterior huida de la gran ciudad con la faltriquera repleta de dinero sucio.


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