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1 de marzo de 2015

Un viejo y el mar

       - Y esa cabaña abandonada… ¿de quién es?
       - No es de nadie, señor, lleva allí muchos años…y es una ruina. La madera está podrida por la salina…cualquier día terminará por derrumbarse y se la llevará el mar…
       - Me recuerda algo…no sé el qué…quizás allí vivió un pescador...
       - ¿Un pescador, dice? No, señor…allí nunca ha vivido nadie. Está así desde siempre. Cuando yo era chico ya estaba así. Los pescadores viven en la aldea, al otro lado de las dunas…no, nadie ha vivido allí…debió ser un refugio para un par de enamorados cuando esta zona aún era la Cuba desconocida…
       - Cuando no había turismo…
       - Cuando no había nada, señor. En esta zona no había nada. Solo tiburones.
       - ¿Cuál es el pueblo más cercano amigo?
       - Quemado de Güines
       - Y este lugar, ¿cómo se llama?
       - Se llama Carahatas.
       - Estoy por decir que por aquí anduvo Ernesto Hemingway…
       - Ah, señor, nunca escuché ese nombre.
       - ¿Sabe que escribió un librito llamado El Viejo y el Mar?
       - Qué escribía, señor, puede que escribiera. Lo que escribiera, habría que saber leer para conocerlo.
       - Pero ¿ha oído hablar de él?
       - No, ya le digo señor, nunca oí ese nombre.
       - Perdone, ¿cómo se llama usted?
       - Yo me llamo Manuel, señor, me llamo Manuel…
       - ¿Cómo Manolín, el protagonista joven de la novela, el aprendiz de Santiago el viejo pescador?
       - Ahí, señor, usted me pregunta más allá de mi alcance. Yo solo supe una cosa, señor. Sacar lo mejor del mar. Ya estoy mayor…y usted me pregunta por un libro de un viejo, escrito por un hombre con un nombre raro y yo, señor, no sé que decirle… no se que decirle más ya.




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