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10 de agosto de 2015

La verdad y el castigo

Extraída de Google
       Lo han castigado por no saber contestar a su maestra, lo envían al juicio del señor Director, se sienta en la espera de escuchar su nombre, dos enormes ojos se han convertido en espejos uno frente al otro inclinados para ver desde sus zapatos, levanta la vista y ve su cuerpo multiplicado, uno, dos…, diez y figuras y más figuras del cuerpo, gira la cabeza y el segundo espejo lo reproduce con rapidez cien, doscientas veces y más, como un eco repiten la misma cara, idénticas figuras que no temen al Director ni a los espejos. La señorita secretaria lo hace ingresar a la oficina del señor Director.


       — ¿Qué hiciste ahora?
       — Lo que la señorita Micaela diga.
       — Y que es lo que la señorita dice.
       — No tengo la menor idea, tal vez usted sepa.
       — Debes confesar, es tu responsabilidad, todos callan, ignoran el porqué los castigamos, se dicen inocentes. Soy el responsable de castigar las faltas y debes de decirme: ¿Qué hiciste, te ha enviado conmigo por tu mal comportamiento, confiésalo.


       Pocos meses habían transcurrido de su primera confesión en la parroquia de San Miguelito, las palabras del señor cura aún frescas repetían en su memoria:
       — ¿Cuándo fue tu última confesión?
       — Es la primera vez señor cura.
       — ¿Vas hacer la primera comunión?
       — Depende de usted.
       — Dependes de tus pecados no de mi, soy quien pone los castigos, de acuerdo a tus culpas.
       — ¿Es usted como el señor cura de San Miguelito?


       — Yo no soy cura y deja de decir tonteras, ¿dime qué hiciste?
       — Es la primera vez que vengo a la dirección, no se como y que debo confesar.
       — Culpable de qué, solo eso dilo ya.
       — Soy culpable de tener miedos, de tenerle miedo a usted, a la señorita Micaela también.
       — Pero que fue lo que hiciste para que te enviaran a la dirección.
       — A mi abuelo lo meten a la cárcel casi todos los días dice mi abuela, por decirle al gobierno la verdad. ¿Usted desea castigarme por decirle la verdad?
       — No te castigaré por decirme la verdad, te castigaré por que eres un cínico.
       — Un cínico dice la verdad y lo castigan, por cínico y tiene la culpa el cínico de serlo.
       — Regresa a tu salón y dile a la señorita Micaela que te he castigado, aunque sea una pequeña mentira.


       — Que te dijo el señor Director.
       — Me quería castigar por decir la verdad y me perdonó por decir una mentira.
       — Siéntate no estoy para tonteras.
       Así transcurrió aquel día en la escuela, no aprendió nada, solo a contar mentiras.



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