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5 de noviembre de 2015

Nuestros amigos los gnomos

Extraída de Google
       Como todos los años, las mujeres y los hombres jóvenes, abandonaban su pequeño pueblo serrano para ir a vendimiar a Francia, y ganar así algunos euros que buena falta hacían en su maltrecha economía.
       En el pueblo sólo quedaban la anciana maestra de escuela y los niños al cuidado de sus abuelos.
       El viejo caserón de la escuela estaba situado al otro lado de un pequeño bosquecillo que los niños tenían que atravesar cuando iban o volvían al colegio.
       El día en que comienza esta historia, cuando correteaban por le bosque de vuelta a sus casas, los niños escucharon una débil voz pidiendo socorro.
       Cuál no sería si asombro al contemplar a un pequeño hombrecito, no más alto que un tenedor, aprisionado por la rama de un árbol.
       Los niños, claro está, le liberaron, y el hombrecito se dirigió a ellos tras hacer una graciosa reverencia.
       — Gracias amigos míos, soy un gnomo. Los gnomos habitamos desde siempre en las raíces de los árboles. Cuidamos a los animales heridos o enfermos y en general a la naturaleza, a todo lo que vive. Somos muy habilidosos, si pudieseis entrar en nuestras casas os quedaríais asombrados al comprobar que, como en las vuestras, no falta de nada y todo construido con nuestras propias manos.
Nos gustaría ser amigos vuestros pero sois tan grandes que os tenemos miedo. Yo habito en la gran encina que hay en el centro del bosque, si me necesitáis, contad conmigo.
       Días más tarde, al llegar por la mañana al colegio, comprobaron que parte de la techumbre de su vieja escuela se había derrumbado.
       — No lloréis, no lloréis, (intentaban los mayores calmar a los pequeños.) Como no están nuestros padres, y los abuelos son muy viejecitos, sólo nosotros tendremos que reparar el tejado.
       — Pero… Ninguno de nosotros sabe manejar las herramientas necesarias.
       — Y si pidiésemos ayuda a los gnomos – dijo uno.
       Los niños en tropel corrieron hasta la gran encina.
       — Señor gnomo, señor gnomo ¿se acuerda de nosotros? Varios gnomos se aparecieron entre la corteza del árbol.
       — Ya sabemos lo que os ocurre, los gnomos tenemos poderes mágicos. No preocuparos todos os ayudaremos, pero por favor no contárselo a nadie.
       Durante una semana los gnomos y los niños repararon el tejado y al terminar le mostraron la escuela a la maestra que no pudo contener las lágrimas.
       Al volver de la vendimia, los padres también se emocionaron y se sintieron orgullosos de sus hijos.
       Y los chicos jugaron a ser héroes, aunque cometieron una pequeña mentirijilla.
       Dijeron que lo habían hecho ellos solitos.
EnR-TV

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