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14 de enero de 2016

Y mira que han pasado años...



       Mi querida Aurora, hoy me he despertado pensando en ti, y lo primero que he hecho es llegarme al salón y empezar a escribirte. He puesto aquí el ordenador porque se está más calentito.
      De mí, ¡qué te puedo decir… que sigo rodeada de mis libros, de mis versos, mis relatos y con algún achaque que otro! Sigo con la inspiración de siempre, gracias a Dios, y como tú bien sabes, escribir es y ha sido siempre mi razón de existir.
       Te dejo un momentito que tocan al timbre.
      Ya estoy por aquí otra vez. Era Manuela, la señora que me cuida, o sea, el ama de llaves. Ya a mis ciento cuatro años de edad y recién cumplidos, no me voy a ocupar del trabajo de la casa. Bueno, bueno,  tú sabes mejor que nadie que ése nunca fue mi punto fuerte. 
      A veces me riñe porque dejo mi bata rosa por cualquier sitio, pero yo no le hago caso.
       ¿Sabes? Hoy me he levantado con deseos de comer algo dulce y le he dicho ahora a Manuela que me traiga una palmera bien grande, ya que a estas edades cualquier excentricidad nos la podemos permitir.
       ¿Te acuerdas cuando éramos jóvenes y en la fiesta de Los Reyes Magos la gente iba calle arriba calle abajo con los paquetes de roscones?  ¿ Y que también nos colábamos en las panaderías a oler el roscón? A mi nunca me gustó, pero me encantaba ver cómo lo decoraban. Les ponían frutitas de color verde y rojo. Y hasta un día vi uno gigante, para más de cincuenta personas, que lo habían adornado con bastoncitos de caramelo. ¡Ah! Y le ponían hasta nata. ¡Todo una obra de arte!
       Mira, se me acaba de ocurrir una idea: dile a tu chófer que te traiga una de estas tardes y nos tiramos una buena parrafada al lado de la estufa, y si quieres hasta te canto, tengo una guitarra por aquí cerca. ¡Nos la podríamos pasar a lo grande! Demás está decirte que mis chicos te envían saludos. Me ha dicho Marco, el mosquito, que te de un beso,. Aquí le tengo, a mi lado, junto con los demás, fisgoneando lo que te escribo.
       Y ya te tengo que dejar querida, que la Manuela me está dando gritos para el desayuno…
       - Espera mujer no desesperes, un poquito de paciencia que ya voy.
       ¡Es que hay que ver! Ahora me parece estar sintiendo aquel maravilloso olorcito a roscón que a todos nos alegraba el alma, y a la vez, he recordado otro muy peculiar: ¡A camello!


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