Siempre la vida... en la voz de su autor.

17 de marzo de 2016

Filosofía de café y copa

Extraída de Google
Cuando llega la tarde el pueblo se adormece
y los relojes se detienen a causa del sopor.
Reginaldo, el cartero, se toma un carajillo
y al fondo del café se juega al dominó.


Guillermo, el camarero,
arrastra su tristeza y sus cansados pies.
Justamente hace un año
con un tratante de ganado,
se fugó su mujer.


Y la cajera doña Encarnación,
con el alma enredada en algas marineras,
sigue esperando a un rubio capitán de navío
mientras cuenta billetes y monedas.


Don Genaro el maestro,
y el boticario don Joaquín
discuten de lo humano y lo divino
frente al gran ventanal y en torno a un velador.
El sol comienza a retirarse
cansado y aburrido.


Moviendo con cadencia sus caderas
pasa una moza.
Ambos admiran el vaivén.
En sus pecaminosas fantasías
boticario y maestro
coinciden por primera vez.


La suerte — dijo el boticario —
no existe, lo que ocurre es que están escondidas
las causas que provocan
los acontecimientos que rigen nuestra vida.


El maestro se aprestó a contestar:
Dos cigüeñas portando
sendos hatillos en sus picos
vuelan majestuosamente
sorteando las peñas y los riscos.
Una de ellas deposita
el hatillo en un barrio marginado,
la otra en una zona aristocrática.
Sin causa ni razón alguna.
la vida de esos niños ha quedado marcada.


Los jugadores se despiden
y recogen las fichas, terminó la partida.
Lanza un suspiro doña Encarnación
y Guillermo coloca las sillas boca arriba.


Aguardan las esposas con la cena caliente.
El reloj, instalado en el Ayuntamiento,
da, perezosamente, las once campanadas.
— Guillermo, por favor, ¿qué te debemos?






... de "Mis personajes se pasean por La Red",
Tomo II, Colección de Poesía Claves Líricas,
Vison Libros, 2012

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