Programa Ediitorial EnR

5 de marzo de 2016

Invierno en primavera

Extraída de Goolge

       Hoy, hace dos años, murió Joaquín Ramírez, o tal vez algo más, la verdad eso no importa… Transcurría aquel otoño, cuando unos amigos nos invitaron a una reunión en su casa de la colonia Country, adosada al imponente Cerro de la Silla, fue una noche agradable, que nos permitía disfrutar el hermoso jardín en compañía de seis parejas. Los vecinos de los anfitriones, fueron los últimos en llegar, solo vivían al lado, en un chalet que parecía un adorno en medio de un jardín. Ellos mayores que el resto de los invitados, caminaban despacio, acompañados de su hija única, la que se movía empujando un andador, en las presentaciones nos percatamos de que la jovencita, padecía síndrome de Down y una cierta dificultad para la comunicación oral. Se sentaron al lado de Joaquín, la hija en medio de sus padres.
Mi amigo de inmediato inició una charla dirigida a la chica, la que sintió calidez en el tono en que le hablaba, la charla caminó por el sendero de las preferencia de ella: las flores. Joaquín le dijo: Cada mañana, cuando me dirijo a mi trabajo, paso frente a tu casa, si no te ofendes, cada día puedo traerte una flor. Los primeros días, él, cumpliendo su promesa, aparcaba su coche no lejos y caminaba a la verja de la casa, al no aparecer nadie, arrojaba la flor en dirección a la puerta del hogar. Al poco tiempo, cada mañana la chica recibía en sus manos la flor que Joaquín le traía, y pasaron las semanas y los meses y él fiel a su promesa, llevaba la prenda que la chica esperaba con impaciencia, convirtiendo aquel acto en la razón de cada amanecer. Una noche, después de casi cinco años, mi amigo Joaquín no despertó, durante el sueño visitó un campo de nieve con un enorme tobogán al que gozoso disfrutó deslizándose hasta que se perdió en el infinito de otra dimensión. La niña por primera vez en años, entró en su casa con las manitas vacías, mientras las lágrimas maquillaban su rostro, después cada día con una fuerte opresión en el pecho se dejaba adornar el cuerpo y su cara, para esperar aquel que no podrá volver; antes de tres meses ella enfermó y también en un sueño con una ligera sonrisa, fue en búsqueda de Joaquín, que sin duda la estaría esperando con una flor en sus manos.
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