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19 de abril de 2016

Cartas desde Malawi (2)

Extraída de Google
       Querida familia, queridos amigos, siento la tardanza en escribiros pero la luz en estos últimos días se ha llevado el premio mayor a dejarnos de manos cruzadas, batiendo el record de más de 50 horas en los últimos tres días.
       Este tiempo que ha pasado desde nuestra última crónica ha venido marcado por una intensa actividad que nos ha llevado a disfrutar de momentos importantes, en los que habéis tenido mucho que ver y que estamos deseando compartir con vosotros.
       Después de las fuertes tormentas que sufrimos a lo largo del mes de febrero, las lluvias nos dieron una tregua en las primeras semanas del mes de Marzo, pero ahora nos lo están haciendo pagar caro y llueve sin piedad de día y de noche con furia biblíca — como diría Manuel — lo que, por otro lado, me hace temer que se venga abajo el famoso techo que aloja a las decenas (no quiero pensar cuántas) de murciélagos, que siguen sin parar de moverse de un lado a otro sobre nuestras cabezas, especialmente por la noche, cuando estamos acostados e inevitablemente, a cada golpe que dan, no puedo evitar mirar hacia arriba… pero mejor no sigo por ahí que me empiezo a obsesionar y este es un momento hermoso.
       Aunque, la verdad, no me resisto a contaros que hemos visto monos, porque es la primera vez que los vemos tan cerquita del hospital. Veníamos en motocicleta hacia Atupele y de repente nos los encontramos, aunque como son tan huidizos salieron corriendo.
       Y que esa misma noche, el encuentro con Batman, pero sin Michael Keaton, no se hizo esperar más y de repente nos sorprendió un “algo” que volaba desesperado en la cocina buscando la salida. Cuando lo vió Manuel me dijo que volviera al comedor y cerrara la puerta, cosa que hice sólo a medias por un tema de solidaridad con él, que se enfrentaba sólo ante el peligro, cepillo en mano. Indiana Jones le da varias veces al bicho hasta que cae al suelo y lo echa fuera de casa. Sólo recordar esa escena me produce una tensión agónica… ¿Por qué no podemos deshacernos de ellos de una vez?
       Después de ese episodio, pasaré por encima otras cosas, como por ejemplo el “animalito” que se encontró Manuel junto a la casa, algo parecido a un lagarto o mini-cocodrilo que medía, aproximadamente, entre 70 y 90 cm nada menos. O esa serpiente, que se empeñó en enseñarnos un hombre, camino a casa de Mphaso, a la que acababa de cortar la cabeza tras encontrarla justo en el camino por el que pasábamos. Y para qué hablaros de las enormes bolas que forman miles de hormigas en varias zonas de nuestra casa, que casi siempre nos encontramos cuando nos vamos a ir a dormir y preferentemente junto a la cama de Manuel y nos obligan a: deshacer la cama, echar insecticida, dejar que se mueran, limpiar las paredes, el suelo y la cama para que Manuel pueda dormir moderadamente bien, aunque siempre se salvan algunas y se colocan calentitas en las sábanas para hacerle compañía. Una delicia, qué os voy a contar.
       Podría hablaros también del enjambre de abejas al que me enfrenté una mañana, pero eso lo dejo para otro día, porque sería demasiado hasta para vosotros. ¡Ja,ja!
       Uno de los momentos más surrealistas que hemos vivido en estos días, ocurrió yendo en minibús a Karonga para comprar comida. Al poco tiempo de habernos subido a él, llegamos a uno de los varios controles de policía que hay desde la frontera con Tanzania, que está muy cerca de Atupele, hasta Karonga y, como es habitual, nos paran para inspeccionar todo y hacen bajar al conductor y a su ayudante que empiezan a discutir con la policía, vete a saber qué, de todo lo que suelen pedirles, y nos dejan en mitad de la carretera con un calor de desmayo. Tras un buen rato allí y viendo que los miramos ya con desesperación y a punto de la insolación, al fin vienen los dos hacia nosotros, pero acompañados de un policía que, para nuestra sorpresa, se sube al asiento del conductor, junto a Manuel y yo, y nos explica — imaginamos que por aquello de ser blancos — que nos va a llevar él hasta Karonga. Que hay algún problema con el conductor y no pueden permitirle que conduzca hasta que aclaren algunas cosas con él en la oficina central de la policía. No entendemos absolutamente nada, y así como si fuera la cosa más normal del mundo, el poli se convierte en el conductor del minibús, por supuesto hace las correspondientes paradas para que bajen y suban viajeros. Como se ha quitado la gorra, los conductores de otros minibuses no le reconocen hasta que no estamos cerca y le dan las luces, como suelen hacer para avisarse unos a otros de quien es el poli de guardia en el próximo control o cualquier otro código de los que tienen establecidos, pero nuestro poli ni se inmuta y sigue conduciendo. Al poquito de salir, intenta tocar el claxon para avisar a una bicicleta y descubre, con cierto malestar, que no funciona, lo que le supone tener que estar encendiendo y apagando las luces de cruce cuando se encuentra con algún obstáculo, que son muchos. Increíble todo, de verdad. Surrealismo, pero en estado superlativo. ¡Esto es África amigos!
       Y ahora vamos a esos momentos importantes de los que os hablaba al principio:

       DEL REPARTO DE ALIMENTOS:
       El 14 de Marzo tuvo lugar la primera entrega de alimentos procedente de las donaciones recibidas, tanto de vuestra parte, como del lado de una pareja de canadienses que dieron dinero para poner en marcha el proyecto de compra de alimentos para distribuir entre 40 niños seleccionados por graves problemas de desnutrición, incapacitación, como consecuencia de malformaciones diversas, e infectados por el HIV, del que os habíamos hablado y al que al final hemos decidido incorporarnos — con un poquito de tristeza – dejando de lado el programa del que os hablábamos de enseñar a las madres a cocinar y a saber qué tipo de alimentos son los adecuados para una buena nutrición infantil, por cuestión de tiempo y necesidad de repartir alimentos de forma urgente a las personas que lo necesitaban, y por falta de apoyo de la gente que formaba el comité, pero queremos seguir adelante con él en un futuro cercano.
       La gente estaba citada a las 8:00 de la mañana. Llegaban poco a poco y unos más pronto que otros porque venían andando de diferentes lugares, algunos de ellos muy alejados de nuestro hospital, y les llevó varias horas. Pero hasta que no llegaron todos, no se empezó con la distribución.
       Mientras esperábamos, Manuel iba haciendo fotos a los que iban llegando y mi pecho se iba encogiendo un poco más cuando los veía: niñas y niños con deformidades de distinto grado, algunos como Mphaso o Mercy y otros en un estado vegetal tan deprimente, que a veces llegué a cuestionarme si merecía la pena seguir viviendo en esas condiciones infrahumanas, tanto ellos como sus cuidadores.
       Ese era el caso una chica que puede tener 14,15,18 años ¿quien sabe?. La imagen era realmente dramática, un ser delgado, largo y rígido en extremo, sostenido en sus brazos por una mujer mayor— que tal vez fuera su abuela — y ambas en el suelo. La mujer intenta colocarla en posición vertical, con muchísima dificultad, para ponerle un vestido de gasa, arrugado y roto, para que esté “más guapa” en esta “fiesta”, porque así es como lo sienten todos. Con un nudo en el estómago, intento ayudarla pero soy incapaz de moverla, ni siquiera una pierna, por su rigidez. Mientras, la pobre mujer, mucho más delgada que yo, poco a poco lo logra. Siento vergüenza de mí, vergüenza de este país, vergüenza del mundo y ganas de llorar.
       Vemos a las gemelitas, que seguro que algunos de vosotros recordaréis a una de ellas por una foto que colgó Manuel en FB, en la que yo estaba agachada a su lado, acariciándola, y mi mano casi ocupaba todo su cuerpecito. Están preciosas pero con una clara deficiencia de peso y altura, teniendo en cuenta que tienen ya más de un año. Están con el padre y recuerdo que la otra vez estaban con su abuela, así que es más que posible que hasta hubiera fallecido la madre. Cojo a una de ellas en mis brazos y empieza a temblarle la boquita porque le da miedo el color de mi cara y se la devuelvo al padre para evitar que llore, o tal vez para no llorar yo.
       La comida consiste en un cubo de Likuni Phala, que es el alimento principal para los niños pequeños con problemas de desnutrición, y un saco de harina de maíz molido para los más adultos y cuidadores, que es con lo que preparan la comida habitual: Sima.
       Y así va pasando la mañana, intentando tapar la rabia con una sonrisa para no empañar la alegría de esta gente tan increíble, tan luchadora, tan hermosa y pensando que al menos durante dos semanas comerán lo mínimo para seguir viviendo.

       DE LA ESCUELA CON DIGNIDAD:
       En los primeros días del mes de Marzo se pintó la guardería, tal como os adelantábamos, y esa nave sombría, con las paredes sucias y desconchadas, se llenó de colores: azul y verde para las paredes y sobre cada una de ellas animales, frutas, letras y números, todos ellos pintados de diferentes colores, que además de dar alegría a esa nave, pemitiría a la profe ir enseñándoles en inglés el nombre de cada cosa. El suelo de cemento — como todos los de aquí — sobre él que se sentaban los peques se cubrió con dos colchones grandes, con más colorido aún, para hacerles más cómoda la estancia. Los niños estaban felices y la Guardería, aunque no tenga nada que ver con las que conocemos: ¡estaba preciosa! Nos faltaron sólo esos juegos didácticos que queríamos comprarles porque tras recorrernos todas las tiendas de la ciudad, no lo conseguimos, parece que sólo pueden encontrarse en las dos ciudades más importantes de Malawi: Mzuzu y Lilongwe (la capital), pero para ir allí necesitaríamos más de dos días y sin el convencimiento de encontrar más allá de un cuaderno con las letras, que es lo único que hemos conseguido, de uno de los enfermeros que fue a Mzuzu.
       La Rehabilitación de esa ESCUELA CON DIGNIDAD, de la que tanto se ha hablado en este tiempo, es casi casi una obra mayor y nos está llevando más tiempo y bastante más dinero. Las negociaciones con el pintor y los carpinteros han sido difíciles, pero en este momento ya se han pintado cuatro clases (5º-6º-7º y 8º) y en tres de ellas (6º-7º y 8º) se han colocado los pupitres necesarios para que cada alumno tenga su sitio. Hemos tenido mucha suerte porque se han podido reutilizar algunos restos de pupitres que encontramos arrumbados en una de las clases, y el presupuesto ha bajado ostensiblemente con respecto a lo que nos pedían inicialmente. Además de todo ello, aún mantenemos la esperanza de irnos de aquí (a finales del próximo mes de mayo) con todas las clases pintadas, las 6 letrinas rehabilitadas e higienizadas y quién sabe si hasta consigamos pupitres también para 5º. Estamos recibiendo todavía vuestras donaciones y a la espera de lo que Jesús Arroyo, nuestro ángel de guarda en España, haya recaudado en el Recital Solidario por UNA ESCUELA CON DIGNIDAD del pasado viernes.
       La llegada de los pupitres a la Escuela, fue una auténtica fiesta; el director, los profesores y los niños estaban tan felices que no paraban de darnos las gracias. Y eso no fue todo, porque los Counselors, que creo son los mandamás de las distintas áreas de Kasantha, pidieron un encuentro con nosotros para agradecernos todo lo que se estaba haciendo, del que disfrutamos muchísimo porque nos encontramos con unos personajes surrealistas y encantadores. La Jefa era una “máma” enorme como las que aparecen en las películas, muy divertida que, como Manuel había pedido al director de la escuela que se comprometiera a mantenerla en buenas condiciones de limpieza, le dijo que no se preocupara, porque ella personalmente se encargaría de supervisarlo y, en caso necesario, se pondría ella misma a limpiar… Todo ello en tono simpático y jocoso. Pasamos un rato delicioso y Manuel hizo fotos para la posteridad.

       DEL HOSPITAL:
       También este mes nos ha regalado el privilegio de conocer a dos seres adorables,
       Ángel y Daniel, dos personitas a las que quisimos desde el primer momento en el que nos los presentaron:
       DANIEL es un precioso bebé que nació prematuramente en nuestro hospital, hará poco más de tres semanas. Como en Atupele seguimos sin incubadora, la única solución en estos casos es el Sistema Kangaroo que, como su propio nombre indica (Kanguro), supone colocar al bebé entre el pecho de la madre para que coja calor, rodeándolo de prendas de abrigo.
       Uno de lo enfermeros, Kelvin, que casualmente había dado una charla sobre este tema hacia poco, me pide que le acompañe a Maternidad para enseñarme al bebe y explicarme cuál es la situación. La madre tiene 19 años y el padre ha rechazado hacerse cargo de ambos. Supuestamente por ser parto prematuro y, casi seguro también, por mala alimentación, aún no tiene leche para alimentarlo, y es muy urgente hacerlo. La solución es el milagroso Likuni Phala para alimentar a la madre y ayudar con ello a que su organismo produzca la leche necesaria. Mientras tanto, alimentarán al bebe con dextrosa, que Kelvin pide se le dé urgentemente. La madre lo tiene sobre la cama cubierto con chitenjes (una especie de pareo que se enrollan las mujeres en la cintura y les cubre casi hasta los pies) y Kelvin, muy enfadado porque no tiene al niño en su pecho, ni corto ni perezoso le hace desnudar de cintura para arriba y me pone al niño en los brazos.
       Daniel es precioso, pesa casi 1,5 kg y parece que apenas respira, pero le aprieto un poquito contra mi pecho y siento su respiración en aumento, o igual me lo quiero creer… ¡es tan chiquitito!. A continuación, Kelvin pone al niño en mitad del pecho de la madre y comienza a envolverla con los chintenjes. Después le coloca de nuevo el gorrito que llevaba puesto, la única prenda de bebé que tienen, tan grande que apenas le abriga y me mira sin decir nada, pero entiendo perfectamente lo que hay tras esa mirada y le pido a Kelvin que le den Likuni Phala a la madre de nuestra parte y nos escriba en un papel todo lo que necesita: manta de bebé, gorro, patucos y otra cosa que no conseguimos encontrar en ningún traductor: shovel, pero seguro que lo encontramos. Así que ese mismo día nos vamos a Karonga Manuel y yo en un viaje pro-nuestro pequeñísimo hombrecito.
       Por la tarde gran parte del hospital está pendiente de nuestra llegada para ver las compras y ponerle el nuevo gorrito — a su medida —, los patucos y todo lo necesario que colocarlo en la posición de kangurito. El acto se convierte en una fiesta de sonrisas por parte de todos. Manuel no para de hacer fotos y Kelvin respira tranquilo. De momento Daniel va a luchar por su supervivencia con el mejor equipo del que se dispone. Por cierto, el shovel era una toquilla.
       Casi a la vez apareció en escena la dulce ÁNGEL. Kelvin, de nuevo, embajador de los niños en Atupele por excelencia, nos lleva a ver una niña de 16 meses que ha llegado a Pediatría. Su estado es realmente dramático, se le aprecian las costillas claramente, los ojos resaltan en su carita de forma alarmante y la delgadez de sus brazos y piernas no deja lugar a dudas: es uno de los casos de desnutrición más serio que hemos visto, tanto en nuestra estancia anterior, como en ésta. ¡Cuánta hambre no habrá pasado esta criatura!. Le acaricio la carita pero, una vez más, me fallan las fuerzas y salgo rápidamente a la calle para que no me vean llorar. Kelvin me llama y le hago un gesto con la mano, disculpándome… ¿Cómo seguir viviendo tan tranquilos con nuestra conciencia ante ésto?:Hoy no puedo, no. Tristemente en unos días, todo quedará en el mismo lugar donde estaba.
       La tarde pasa lenta y sin motivo de ser y por la noche Manuel y yo vamos de nuevo a ver a Ángel. Según parece, la niña ha estado vomitando casi desde que nació y no se sabe cuál ha sido el motivo. En la exploración que le practica Manuel, constata el grave estado de desnutrición y deshidratación de la pequeña, que apenas alcanza los 3 Kg de peso. Entre Kelvin y él le ponen una vía venosa con mezcla de cloruro sódico y otras cosas que soy incapaz de recordar. No es nada fácil hacer que la vía funcione en esos bracitos, desde luego, pero lo logran e improvisan una pequeña tablita con un cartón, algodón y venda, para inmovilizar su mano y evitar que se obstruya la vía. Al fin Ángel se duerme tranquila y nosotros también.
       Durante los siguientes días, vamos constantemente a Pediatría para ver su evolución pero no avanza casi nada y tememos que no pueda sobrevivir. Pasados unos días, en otra de nuestras visitas, la encontramos mucho más despierta. Una de las auxiliares está haciéndole ejercicios de motricidad, vista y oído . Me acerco hacia ella y la llamo, y ¡cuál es mi sorpresa cuando la veo abrir esos ojos que tanto dicen y mirarme fijamente!. La auxiliar y la madre se ríen sorprendidas por su reacción y, en ese momento, siento una unión especial hacia esa preciosa niña, como si nada fuera por casualidad, sintiendo firmemente que va a salir adelante, lo sé, o lo quiero creer, pero ya me vale. Juego un rato con ella y se gira en cuanto ve que me muevo hacia otro lado… es el regalo más hermoso que me han hecho desde que estamos aquí.
       Kelvin nos dice que hay que empezar a darle papillas, porque ya no vomita y necesita, de nuevo el milagroso Likuni Mphala con mantequilla y leche para fortalecerla poco a poco. Y ahí vamos de nuevo, compartiendo vuestra generosidad también con esta princesa que nos tiene locos. Tenemos un video precioso viéndola comer papilla desesperadamente y cómo protesta cuando le retiran la cuchara para llenarla de nuevo. Me recuerda a esa imagen que he visto alguna vez en las pelis, del naúfrago cuando le rescatan. Cuando volvamos a España y tengamos una conexión a internet decente, prometemos enviároslo. Parece que Ángel, al fin, ha encontrado su camino. Y todo ello gracias a vosotros: amigos, familia, seguidores de nuestra locura africana y apoyo de nuestros buenos y menos buenos momentos. Sin vosotros, nada de esto habría existido. Ahora entenderéis por qué os decía que habíais tenido mucho que ver en los hermosos momentos vividos. Gracias por darnos el privilegio de estar en primera línea representándoos a todos y hacernos recordar que aún se puede ser feliz, tan sólo por compartir la alegría de otros.
       Queremos agradecer también a nuestro querido amigo JESÚS ARROYO, que hace pocos días puso en marcha ese Recital Solidario por UNA ESCUELA CON DIGNIDAD, en el que había puesto trabajo, esfuerzo, ilusión y cariño, todos ellos en gran cantidad. Gracias Jesús, igual no fue lo que esperabas pero va a ser igual de hermoso. Un abrazo especial amigo.
       Y con la imagen de Daniel y Ángel (que en inglés suena mucho más dulce para el femenino), nos despedimos hasta la próxima que, casi seguro será la última de este viaje, que volveremos a llevarnos en el corazón y nada podrá moverlo de ahí nunca, estoy segura. Gracias por haber hecho posible tantas cosas, por estar cerca, por querernos y querer a través de estas crónicas a los personajes que os hemos dejado hoy aquí, y que os prometemos son reales.
       Un abrazo tan grande como cada uno de vosotros.
       ¡Hasta pronto!



Rosa Jimena



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