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4 de abril de 2016

Tres preguntas y una respuesta

Extraída de Google


       Pregunta:

       - Hoy, con esto de la crisis, se están produciendo una serie de injusticias y de desahucios que están en todas las pantallas de televisión. ¿Había en su época este tipo de cosas?



       Respuesta:


Extraída de Google
       - Antes de contestar a su pregunta, excelsa dama de las letras, permítame decirle que todo cuando su pluma deja sobre el papel cumple con los requisitos de la buena composición; más todavía, que el Patchwork con que adorna su escritura es de una delicadeza sutil, de una belleza turquesa... Y ahora sí, excelsa dama. Esta pregunta tan actual, tiene una contestación muy antigua. No llegaba yo a los cinco años cuando un juez vallisoletano embarga a mi padre Rodrigo. El cuatro de julio de 1552 entran los alguaciles en casa y se llevan todo: "Y cuando digo todo es todo. Se llevaron ante mis aterrados ojos las sábanas y las mantas, los cuatro colchones, el jubón, el sayo y las “calzas amarillas”, la mesa de nogal y sus bancos, también el “banco de sentar, de pino”, y otras dos “sábanas de Ruan” con otros tres “colchones buenos”, la caja de cuchillos dorados y los zapatos de terciopelo, el arca con más ropa de la casa, la “capa negra llana” y otro sayo de lo mismo, “aforrado de tafetán”. No dejaron ni el sombrero que llaman chapeo, “de terciopelo con cordón de seda”, ni el “cofrecillo con joyas”, y ni siquiera el “niño Jesús en una caja de madera”...Ya se puede imaginar vuestra sutil imaginación mis aterrados ojos del niño que era. Y más todavía cuando mi padre Rodrigo alega ante el juez que no “puede ni debe estar preso por deudas”, según las leyes de Castilla por ser “notorio de padre y abuelo de solar conocido”; que mi padre era hidalgo. Pero el problema real es que mi padre era médico con pocos recursos y demostrar esa hidalguía sin ejecutoria que la probara no era nada fácil. Más además porque entre él y mi abuelo había cierto distanciamiento que en nada propiciaba su ejecutoria... Así que nos tuvimos que volver a Alcalá, a la sombra de la abuela, mientras mi padre viajaba a Córdoba a pedir auxilio a mi abuelo y a mi tío Andrés. Al menos nos libramos de la quema de los veintisiete libros que la Inquisición mandó quemar en ceremonia pública y ostentosa en Valladolid.


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¿Quién hace la pregunta?
¿Quién la contesta?



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