Siempre la vida... en la voz de su autor.

14 de mayo de 2016

El nihilismo de Cervantes

Extraída de Google





Ana de Rojas vestía
las horas muertas de un gozo
sublime, como si un trozo
de deidad se hiciera día
e iluminara la vía
de mis pensamientos. Era
senda recta, primavera.
Mi esposa, esa niñata
malcriada que relata
y el corazón te adultera.



Treinta y siete años tenía.
El teatro y sus laureles
me tejieron oropeles
en el alma. Me atraía
el vulgo, la algarabía
en el patio de la fama.
Mis comedias y esa dama
llamada fracaso fueron
la almohada en que cayeron
mis sueños. Todo fue nada.






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