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2 de mayo de 2016

Un Mundo impermanente


Extraída de Google
            Hay un final, porque hay un comienzo; pero eso es debido a que percibimos el tiempo de forma lineal: gajes del oficio de nuestra consciencia que precisa ordenar secuencialmente nuestros acontecimientos, pues vivimos en un único presente que se colapsa instante a instante merced a las condiciones a que está sometida la corpuscularidad de la materia. Nuestro cuerpo cambia de posición en el espacio: sube, baja, se posiciona a derecha e izquierda, etc; hace mil cosas que requieren un trabajo y consumen una energía, lo cual, a pesar de ello, provoca modificaciones muy pequeñas en nuestra estructura molecular. Esto es debido a que en nuestra posición vital de observadores el paso del tiempo (fenómeno cambiante con relación a la velocidad de la luz) parece transcurrir de forma lenta; siendo, sin embargo, una mera percepción. Lo sabemos gracias a la Teoría de la Relatividad que desarrolló matemáticamente en los primeros años del siglo XX el genial Albert Einstein.
             Se produce a cada instante una realidad colapsada que nuestra consciencia percibe segundo a segundo y nos permite obtener por continuidad de la memoria el fenómeno de permanencia del yo que somos o creemos ser; memoria que sigue siendo una incógnita de naturaleza no local porque se encuentra ligada como todo a la fenomenología del mundo subatómico.
            Más si considerásemos que el tiempo en realidad abre una brecha potencial entre un segundo y otro del orden de millonésimas de segundos, inevitablemente tendríamos que preguntarnos en qué lugar se halla entonces ese virtual ente que llamamos "yo". ¿Quién soy yo, pues? y ¿Cuál es mi espacio-temporalidad)
           De acuerdo con tales presupuestos teóricos cabe pensar que el tiempo entrelazado y superpuesto debe contener en si todos los potenciales acontecimientos del presente, pasado y futuro, constituyendo una Unidad de Tiempo, que aunque no podamos percibir conscientemente, está ahí abriendo y cerrando opciones a nuestra existencia. Luego, en realidad, tendríamos que afirmar lo que ya habían predicho y explicado las antiguas religiones orientales: "El Mundo es Maya y nosotros y el resto de seres existentes somos en el fondo impermanentes".


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