Siempre la vida... en la voz de su autor.

9 de junio de 2016

Cada madrugada

Extraída de Google


       Todas las madrugadas la misma historia, repaso las horas vividas, las emociones de la jornada, los errores cometidos y trato de encontrar las verdaderas causas que justifique mi actuación. No llego a comprender ciertas cosas. El silencio de la noche y la dulzura de las tranquilas horas me ayudan a reflexionar.
       Necesito expresar mis sentimientos y me lanzo a la caza de las palabras que, al descubrir mi intención, huyen, se esconden en las esquinas de un tiempo extraño, mezquino. Las sigo, es preciso atrapar su luz para poder contemplar el horizonte y seguir viviendo, hay que hacer muchas cosas, quizás demasiadas, antes de partir hacia lo desconocido.
       Juegan conmigo, me hacen rabiar, pretenden humillarme y mis versos, avergonzados por tal ofensa, se niegan a lanzarse al abismo, temen ser devorados por la dolorosa blancura de la impotencia y agonizan entre gritos enloquecedores que, lentamente, ahogan sus miserias en el olvido.
      Si, todas las noches lo mismo, pero las palabras siempre regresan, en su frenética huída reconocen su torpeza y recuperan las huellas de tantas tardes en las que fueron felices, recuerdan la emoción que sentían al ver reflejados, en los espejos mágicos de la madrugadas, los últimos poemas de amor. Entonces nos llevábamos bien, ellas eran mis compañeras, las amantes que me ayudaban a superar las adversidades, me entregaban su luz y con sus caricias podía continuar la senda, tenía muchos poemas que luchaban contra la indiferencia.
       Sin embargo, en muchas ocasiones, esas compañeras de tantas madrugadas parecen mofarse y sólo consigo dibujar algunos versos estúpidos que, apenas, conocen los rincones de mi alma.
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