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25 de junio de 2016

Isomorfismo: Nuestro cerebro frente al Mundo

Imagen extraída de google

       La Ciencia afirma que el Mundo y nuestra consciencia (aunque ninguna de las dos cosas sepamos en el fondo lo que son) guardan entre sí un cierto grado de isomorfismo. Gracias a ello se hace posible que podamos desenvolvernos dentro de él y con el resto de seres con los que inter-accionamos; aunque nadie puede dar inequívoca razón (me refiero aquí a los seres humanos, por más que los animales participen igualmente y a su nivel de tal isomorfismo) de que dos personas diferentes sientan o perciban la Realidad de la misma manera y con idénticas valencias sensoriales: no cabe la menor duda de que somos seres subjetivos y singulares, "encapsulados" -valga tan atrevida expresión- dentro de nuestras respectivas consciencias.
       Inmanuel Kant (renombrado filósofo del siglo XVIII) ya afirmaba que esa Realidad, el Noúmeno, era en sí misma incognoscible para nuestro entendimiento. Hoy, dos siglos después, podemos seguir manteniendo más o menos la misma tesis.
         De igual manera, es sabido que el lenguaje humano guarda el suficiente grado de isomorfismo con las percepciones sensoriales que dan soporte intelectual a nuestra consciencia. Pensemos que "el suficiente grado", no significa una completa identidad entre ambos fenómenos.
       Según tal condición, y dada la gran complejidad de las posibles variables perceptivas cuanto combinaciones de signos lingüísticos, éste deviene en una herramienta de comunicación bastante ambivalente, e incluso polivalente en la representación del Mundo; de ahí que muchas de las acciones simbólicas que el ser humano lleva a cabo puedan admitir más de una re-interpretación verbal, lo cual nos lleva en algunas ocasiones a confusión, e incluso permite una flagrante manipulación mental en su uso. Es justo en ese momento cuando (por ese y otros motivos) puede llegar a convertirse en un instrumento encubierto y hasta perverso en el entramado inter-comunicativo de los hablantes.
       El Lenguaje es un complejo edificio simbólico hecho de diferentes niveles expresivos, que viene a corresponderse con el funcionamiento de nuestra triarquía cerebral: nos expresamos de forma concreta y también abstracta, al servicio de nuestros instintos, emociones-sentimientos y razón; y asimismo, por medio de las palabras, los gestos y las acciones. Cada una de dichas piezas tiene su código, fabricado a lo largo de millones de años por medio de los diversos mecanismos evolutivos. Pero lo mismo que nuestro cerebro no siempre funciona sincrónicamente, al ser el producto final de sistemas neuronales con utilidades evolutivas diferentes, igualmente le sucede -como no podría ser de otra manera- a nuestro Lenguaje. Hay, pues, mucho espacio intermedio para llevar a cabo las diferentes "jugadas" de este juego de ajedrez que es la Vida. Religiones, preceptos y normas morales, idearios e incluso paradigmas científicos, no son más que otras tantas creencias, con niveles de certidumbres diferentes; pero interpretaciones al fin y al cabo acerca de ese "Noúmeno" kantiano. Incluso en el campo más formal de la Ciencia, en las matemáticas, se hallan ecuaciones explicativas de incompletitud, como ya demostrara en el siglo XX el genial matemático K. Gödel. En cierto sentido, toda la valoración humana del Mundo no constituye sino una extensa red mental hecha de relativismos e incertidumbres, y a la vez entrecruzada por puntos de apoyo con coherencia lógica merced a esa fenomenología isomórfica que lo sustenta.
        La lógica de la razón es dicotómica y fragmenta el Mundo en polaridades incapaces de recoger la globalidad sustancial del mismo: hay una visión digital de éste, pero también otra analógica que percibimos claramente cuando dejamos que nuestros sentidos se expresen libremente. No está en modo alguno justificado que para aprehenderlo la primera opción sea la única y recomendable, ya que a veces el exceso de abstracción intelectualiza todo lo que sentimos y tocamos, y al mismo tiempo que lo eleva de categoría conceptual, lo aleja de la pura Realidad. Gajes de los diversos filtros con que opera nuestra mente, a través de los cuales transpira el enigmático Universo cuando se sincroniza con nuestra consciencia.
       No hay nada más, pero tampoco nada menos: eso es todo lo que sabemos hasta el momento, tal vez más adelante la Ciencia nos revele parte o la totalidad de tales secretos. Yo, personalmente, pensando en la forma en que está establecida la conexión isomórfica entre el cerebro y el Mundo, no acabo de creerme que dicho evento llegue a suceder. Claro está, que ustedes podrán argumentar por contra: "una creencia más, entre otras muchas que pueblan la imaginación de la mente humana". Y es evidente, que así es.


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