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29 de junio de 2016

Metáfora del Avatar

¿Dualismo cartesiano: Mente-Cuerpo?
Imagen extraída de Google
       En la religión hinduista el Avatar es el dios Visnú encarnado. Tal representación de este dios principal de la "trimurdi", o tres formas, como se la conoce, plantea -a mi juicio- la ardua cuestión acerca de cómo la divinidad penetra y da vida a la carne, y cómo la carne, sin la asistencia del espíritu, no es nada; o que la carne, la materia, cuando por la erosión constante de la vida (hacemos aquí una interpretación en virtud de la 2ª Ley de la Termodinámica, que opera a través de una magnitud de orden llamada "entropía") alcanza un punto en que ya no puede auto-regenerarse, muere finalmente: este concepto que explica la desorganización de un sistema biológico lo sabemos merced a los presupuestos científicos que la física moderna ha podido establecer.
          Y, como consecuencia de todo ello, el cuerpo es abandonado por el espíritu; o si se quiere, el espíritu se separa de la carne para más tarde volverse a reencarnar en otro nuevo cuerpo. Hasta aquí, muy brevemente expuesto, una parte de los principios religiosos que inspiran y alientan el culto de esta religión oriental.
       Al hilo de tales reflexiones, me viene repetidamente a la cabeza la mundialmente conocida película "Avatar", del aclamado cineasta canadiense James Cameron. En ella (al margen del prodigio técnico que la cinta refleja, con sus atractivas imágenes producidas por ordenador y rodadas en 3D) su estructura narrativa desarrolla una historia que tiene como argumento principal la "inter-conexión" que puede establecerse entre la mente humana y unos seres (de aspecto humanoide y gran estatura, denominados "avatares") creados genéticamente en el laboratorio para ser compatibles y generar estados conscientes inter-actuando con diferentes humanos, que se convierten así en sus conductores psíquicos.
       Uno de los aspectos para mí más llamativos de la historia, que vemos reproducido en los fotogramas en más de una ocasión a lo largo de la película, es el hecho de que un avatar des-conexionado de su mente conductora es un ser sin vida aparente, un ser inerte que se activa en el mismo instante en que unas urnas acristaladas y herméticas, que sirven de puente de unión para la transferencia de energía neuronal, entran de nuevo en acción con un ser humano dentro de ellas. El avatar cobra entonces vida y es "pilotado" en sus acciones por la mente de esa persona que forma entonces un todo indisoluble con él.
       Y ahora quiero referirme al título de este post: "Metáfora del Avatar": ¿Dualismo cartesiano Mente-Cuerpo? Y me planteo lo siguiente:
       ¿Y si hiciésemos un atrevido ejercicio de extrapolación y estableciésemos una insospechada analogía (similar a la que plantea el film) entre nuestra mente y nuestro cuerpo? ¿No podría ser nuestro cuerpo nuestro personal avatar? Veámoslo.
       El espíritu, nuestra mente, daría vida, insuflaría su aliento vital a nuestro cuerpo que viviría el tiempo determinado por sus circunstancias; y una vez se hubiese degradado y muerto, sería desconectado de dicha energía sutil; o dicho de otro modo: nuestro ser espiritual abandonaría su encarnación corporal, ya sin vida, para reencarnarse posteriormente en otro cuerpo, en otro avatar.
       ¿Podría ser plausible tal argumentación? Aunque a primera vista parezca que no, creo que sí; siendo respetuosos y poniendo a salvaguarda cualquier otra creencia que pudiese entrar en conflicto con el concepto dual de las dos sustancias y el de la reencarnación, doctrina ésta última propia de las religiones orientales.
       Hoy en día la Ciencia (especialmente dentro de los campos interdisciplinares de la física, biología, psicología y neurología) comienza a plantearse que pueda existir algún tipo de inter-conexión cuántica entre el cerebro y la consciencia, que explique la fenomenología de nuestra mente. Y en ese caso, ésta no sería de tipo local: es decir todo lo que somos como seres singulares, no residiría físicamente en nuestro cerebro, sino que el mismo podría actuar como una especie de transmisor-receptor entre la materia y la energía, la cual estaría formando parte de una Consciencia Universal extendida dimensionalmente a lo largo de todo el Cosmos.
       De alguna forma, y haciendo el adecuado ajuste epistemológico, volveríamos al viejo planteamiento cartesiano de las dos sustancias: la "extensa" y la "pensante". Nuevas ideas acuñadas por la ciencia actual, recicladas en el seno de antiguos moldes. Una teoría filosófica del siglo XVII, elaborada por el pensador racionalista René Descartes, que aunque muy denostada, ha podido resistir al paso del tiempo dándose la mano con los ya no tan novedosos modelos teóricos de la física cuántica.




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