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4 de septiembre de 2016

Robert J. Sawyer



       En una fecha tan temprana como 1896, un etnógrafo ruso, hijo de un sacerdote ortodoxo y perseguido por sus ideas revolucionarias, escribió un relato titulado En otro planeta. Pura ciencia ficción con Marte como escenario. Porfiri P. Infántiev imaginó un fabuloso viaje al Planeta Rojo, donde habitaba una civilización mucho más avanzada que la humana; tanto como para que Infántiev anticipe las proyecciones holográficas, el GPS, la comida artificial cultivada o el DVD. Todo ello común (y hasta anticuado) en nuestros días, pero pura fantasía en el siglo XIX. Es un ejemplo, otro más, de que la ciencia ficción es “la literatura del futuro” como asegura el novelista canadiense Robert J. Sawyer.
       Ahora sabemos que en Marte no hay vida, aunque con mucho empeño y algo de suerte algún día podremos llegar a cultivar patatas (si las teorías de otro escritor, Andy Weir, resultan ciertas). Sin embargo, desde los ejemplos paradigmáticos de Julio Verne con sus submarinos y cohetes espaciales, o Karel Capek y sus esclavizados robots modernos, la imaginación de los autores de ciencia ficción siempre ha ido un paso (o muchos) por delante de lo que la ciencia de la época era capaz de materializar. Fabulosas obras de ingeniería, experimentos genéticos, conquistas espaciales o asombrosos dispositivos comunicacionales, no existe tecnología ni disciplina que la literatura hay obviado. De lo sublime a lo más vacuo. El fatalista y lúcido JG Ballard, uno de los autores que mejor ha reflejado la angustia del hombre moderno, explicaba en un artículo titulado El futuro del futuro y publicado por la revista Vogue en 1977 cómo sería el entretenimiento en nuestros días: “Cada una de nuestras acciones durante el día, a lo largo de todo el espectro de la vida cotidiana, será instantáneamente grabada en vídeo. Por la noche nos sentaremos a ver las imágenes, seleccionadas por una computadora entrenada para elegir sólo nuestros mejores perfiles, nuestros diálogos más inteligentes, nuestras expresiones más afectuosas, capturadas a través de los filtros más amables, y luego juntaremos todo ello para tener una reconstrucción mejorada de nuestro día”. En un mundo como el actual, sobresaturado de poses ridículas en Instagram e historias que sólo son medio verdad -es decir, casi mentira- compartidas en Facebook, la descripción de Ballard se aparece tan premonitoria como dramática por lo real.
       Pero no todo tienen que ser distopías deshumanizadas en las que la sociedad se encamina hacia el desastre absoluto. Sawyer, uno de los escritores actuales más reputados del género, autor de 23 novelas y ganador de los premios Hugo y Nebula, considera que la ciencia ficción también puede mostrar caminos esperanzadores. Y que, de hecho, tiene una gran influencia en un buen número de los avances que nos asombran: “muchos de los científicos actuales comenzaron leyendo o viendo ciencia ficción. Se interesaron por la ciencia o la tecnología y por cómo cambiar el mundo a través de lo que yo escribo. Y luego hicieron realidad esos cambios porque fueron inspirados por las páginas de la ciencia ficción”. Estas obras, asegura Sawyer, actúan como un WikiLeaks de la ciencia porque nos muestran “las investigaciones actuales y sus ramificaciones en el mundo real”.




Edición: Azahara Mígel / Mikel Agirrezabalaga
Texto: José L. Álvarez Cedena





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