Programa Ediitorial EnR

3 de octubre de 2016

Amputando mis emociones y sentimientos


... de Google.
                                                     
            Si un día decidiera desconectarme de todos mis emociones y sentimientos, estaría prácticamente muerto.
            Creéis que podéis vivir sin ellas: fatua ilusión. ¿Seríais capaces de respirar acaso sin pulmones, bombear la sangre del cuerpo sin el corazón? Pues igual ocurre con nuestra emociones y sentimientos, a los que tantas veces desearíamos apagar: ellas sincronizan de manera aún desconocida cuerpo y alma y nos aportan el tono vital de nuestra existencia terrenal. Ya sé, ya sé..., pura especulación diréis; pero aunque no haya razones definitivas a este respecto, algunas intuiciones que nos recorren visceralmente la piel nos lo hacen ver.
            Si me amputase mis emociones-sentimientos, me convertiría en algo parecido a una carne casi inánime; algo más próximo a un vegetal (aunque en nada quiero desmerecer a los vegetales, por supuesto), que apenas mantendría mis constantes vitales y existiría de forma anónima en este Mundo. Y así (como Santa Teresa, aunque en otro orden de cosas) podría decir: "que vivo, pero sin vivir en mí; que estoy a todos los efectos muerto".
            Aunque me vierais como me muevo y hablo y me relaciono con los demás, sería el resultado de la pura inercia que en mi cuerpo quedase, igual que un viejo recuerdo de lo que antes fui. Por dentro estaría realmente muerto, una vez hubiese decidido cercenar esa delicada maquinaria que nos vivifica.
            De las tres complejas capas psico-biológicas que me conforman (Instinto, Emociones-Sentimiento y Razón) sólo seguiría funcionando la última: naturalmente, hago aquí un mero ejercicio de imaginación. Sin embargo, ¿cómo podría entonces conexionar adecuadamente mis cinco sentidos corporales con mi pensamiento? ¿Qué sería para mí el Mundo? Probablemente, algo mucho más plano y sin apenas relieve comparándolo con el de ahora, sin demasiado colorido ni matices en la experiencia de mis percepciones.
            El renombrado neurólogo portugués Antonio Damasio ha escrito, entre otros muchos libros de divulgación científica sobre sus investigaciones, dos que han captado grandemente mi atención y están en la base de este pequeño texto que ahora redacto: "El error de Descartes" y "En busca de Spinoza". Ambos libros plantean las conocidas tesis de estos dos grandes filósofos del siglo XVII, el primero, creador del cartesianismo y el segundo (cartesiano también) rectificador de alguna de sus presupuestos teóricos.
            Por no extenderme más, Antonio Damasio se adscribe a la tesis del segundo, en cuanto a la comunicación existente entre Mente y Cuerpo. Y explica profusamente y luego afirma que la frase-pensamiento que puede explicitar tal relación no sería ciertamente la del filósofo René Descartes: "Pienso, luego existo"; sino, más bien al contrario, la de Spinoza, que el científico, premio "Príncipe de Asturias de las Ciencias", enuncia como sigue: "Siento, luego existo".
            De lo que parece deducirse (no lo sostengo yo, sino uno de los más reputados neurocientíficos actuales) que para vivir y alcanzar la escala racional del pensamiento, que nos distingue de las demás especies que habitan nuestro planeta, es condición "sine qua non", mantener intacto nuestro sistema de emociones-sentimientos.
            Por tanto, si decidiera amputármelo...


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