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18 de octubre de 2016

No me olvides, mi nombre es Bolingo

... de Google.

       Una mano invisible me lleva a un bosque lleno de color y de luz. Estoy maravillada de tanta belleza y oigo el murmullo de los árboles, del viento, del agua…, es un momento mágico.
       Un niño precioso, con una sonrisa más radiante que el mismo sol, ilumina el claro del bosque, criatura adorable que danza con sus brazos levantados, en símbolo de gratitud al Espíritu del bosque por este nuevo día y por tanta belleza.
       Imagen preciosa y de recogimiento, se palpa y se siente el respeto de este momento sagrado de unión con la Naturaleza.
       Las ramas de los árboles bailan al son de las caricias del viento y el agua al son de la luz del sol sobre su superficie…, oigo un susurro… “Bolingo”, sonido precioso que suena mágico… Bolingo, Bolingo, Bolingo lo repito tres veces para recordarlo.
       Bolingo, así se llama este ser atemporal y eterno, que vive en este claro del bosque y que cada día realiza su danza sagrada de gratitud y de esperanza por la Humanidad y por la Naturaleza. Bolingo desprende esa Luz propia de los seres amantes y respetuosos. Soy espectadora de una experiencia única y mágica, donde se unen las energías del cielo y de la tierra a través de este espíritu majestuoso encarnado en un niño.
       Sus ojos negros y profundos están cargados de sabiduría, -sabiduría del más allá y de su aprendizaje a través de su historia en la Humanidad-, me miran y su mirada me traspasa el alma y todo a mi alrededor se detiene. Siento el amor y la tristeza que habitan en él. Amor que nace en su corazón y tristeza provocada por el comportamiento ajeno de unos seres humanos que provocan desequilibrio, buscando verdades fuera de ellos y al no encontrar respuestas se sienten frustrados y resentidos con ellos mismos y con todo lo que les rodea. 


Me viene al espíritu un poema: “La Naturaleza y el Amor”


Árboles que se elevan en busca del Espíritu,
raíces que perforan el suelo para mantener el equilibrio.
Luz que los atraviesa para traer el Cielo a la Tierra,
ramas que se extienden para dar sombra y cobijo
al caminante cansado.
Susurros del aire que traen una canción lejana
cargados de notas de gratitud y de esperanza.
Susurros del agua invitándonos a la paz y a la serenidad,
susurros que limpian las heridas del pasado y del presente.
Todo se eleva en un canto de amor por la naturaleza 
y por los seres vivos 
para que los seres humanos no olviden y recuerden
la gratitud, la belleza y la esperanza en la Creación. 




... de -google +

       Como en un sueño, veo un Águila que vuela hacia las cumbres y me enseña la belleza y el esplendor de la Creación. 








       Bolingo me hace sentir África, su Tierra Sagrada, y descubro países tan diferentes llenos de belleza, gracia y delicadeza que contrastan con la miseria, la desigualdad y el horror.

... de Google


       Oigo el eco de los gritos de dolor que provienen de la Madre Tierra y de los seres humanos, me estremezco con sus gritos de desesperación, de terror, de miedo, de hambre y de sed, me producen una honda tristeza y unas lágrimas corren por mis mejillas y no pueden parar. Veo almas densas y oscuras convertidas en bestias negras del miedo y del terror que devoran almas luminosas y vulnerables. Es un paisaje oscuro y frio, siento escalofríos en mi piel. El suelo está sediento de paz y no admite más sangre. Los Seres humanos desean la paz y solo quieren vivir y disfrutar del día a día en compañía de sus seres queridos.
       “Devolver odio por odio multiplica el odio, añade una oscuridad más profunda a una noche ya desprovista de estrellas. La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: solo la Luz puede hacer eso. El odio no puede expulsar al odio: solo el amor puede hacer eso” (Martin Luther King)
       “Mi alma huye de su mansión de arcilla, en una noche ventosa, con luna llena en que la mirada puede recorrer mundos de luz. Que ya no estoy, que nada hay, ni tierra, ni mar, ni cielo sin nubes, excepto un espíritu viajero en la inmensidad infinita (Emily Brontë).
       De nuevo estaba en el Bosque, sentada en la tierra y apoyada contra un hermoso árbol, al abrir mis ojos vi sus ojos de ébano que sonreían y oí que me decía: “No me olvides, mi nombre es Bolingo”. El silencio me trae mensajes de paz y de esperanza, de gratitud y de alegría, de solidaridad y de libertad. 


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