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25 de noviembre de 2016

Parménides versus Heráclito


      
            Imaginemos una gran Matriz energética Única, Inmutable, Eterna, Ilimitada y Perfecta, soporte absoluto de todo lo que existe, conectada con el Universo imperfecto, plural y cambiante que percibimos con todos nuestros sentidos. E imaginemos igualmente que nosotros, en virtud de la particular naturaleza de nuestra consciencia, nos hallásemos a la vez interconectados con estas dos sustancias, estando capacitados para intuir lo que en principio pudiera ser invisible e imprevisible. ¿A qué nos estaríamos refiriendo? ¿Tal vez a dos principios incompatibles entre sí y a los que nuestra razón rechazaría al ser contradictorios por su ilogicidad?

            Parménides afirmaba que lo único que existe es el Ser y el Ser es inmutable, no está sujeto a ningún tipo de cambio o devenir, porque de lo contrario sería el no Ser y ello es una contradicción lógica en sí mismo. Para Heráclito, en cambio, el Ser es, pero también puede dejar de Ser; cambia continuamente; es un constante devenir: la famosa analogía de: "en el mismo río entramos y no entramos; pues somos y no somos los mismos". ¿Con cuál de dichos pensamientos hemos de quedarnos? Yo diría, que con los dos a la vez, y con ninguno por separado. Es una cuestión de estados de consciencias; pues nuestra mente es dicotómica e incapaz de integrar bien a los contrarios: somos parte de la Naturaleza y como tal estamos sujeto al cambio; pero sin embargo podemos imaginar, salvando con nuestra razón el juego de los sentidos, la posibilidad de un Mundo eterno e Inmutable donde únicamente existiría el Ser.
            Dicha relativismo del Mundo lo ha puesto de manifiesto la física cuántica que prueba que las leyes que rigen la materia a nivel macroscópico (Newton-Einstein) no son aplicables al mundo sub-atómico. Y parece ser, volviendo al presupuesto que abría esta pequeña reflexión, que nuestra consciencia está incluida dentro de la ecuación que explica tal fenomenología y tiene mucho que ver con ello. El Mundo macro, el de los sentidos, es cambiante (Heráclito), pero dentro de un orden aparente: las aguas del río que deviene, y el cauce que se mantiene prácticamente igual. Luego entonces... ¿cuál sería el universo parmenidiano del Ser? Desde luego, no se hallaría en este mundo cotidiano en el que nos desenvolvemos, en el que todo está en constante movimiento. Tendríamos que ubicarlo como soporte energético de todo lo que existe (por ejemplo en el ámbito sub-atómico, indeterminado, potencia probabilística de las múltiples posibilidades que existen en nuestro Universo material), que se generaría como colapso perceptivo de la consciencia, cambiante, pero sobre un fondo inmutable: la Matriz cuántica, el Ser inmodificable y eterno de lo que todo surge. En ese punto se solaparían el Ser de Parménides y el de Heráclito: energía y materia; onda-partícula en presencia del observador: la consciencia humana que percibe su realidad como flujo cambiante de existencia, aunque en el fondo todo sea inmutable.
            Al final tenemos que acudir al pozo de sabiduría oriental: hinduismo y budismo, contemporánea esta última filosofía en el tiempo en que vivieron Parménides y Heráclito. El fondo del Ser es eterno e inmutable y el Mundo que se despliega a partir de él, impermanente dentro de un proceso de devenir: Realidad profunda y aparente realidad (Maya): "Parménides versus Heráclito".


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