Programa Ediitorial EnR

21 de noviembre de 2016

Punto de inflexión: El cambio

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       Somos Hijos de La historia de la Humanidad y ésta historia, nos llega a través de las caricias de la luz de las estrellas, del susurro del agua, de la serenidad y del silencio de la brisa, de la fortaleza de la montaña… relatos que nos dicen que la ignorancia del corazón es la causante de los grandes males en el mundo en que vivimos. La Humanidad y el Planeta están en un profundo cambio y esto atañe a todos los seres vivos directamente: cambio climático con graves consecuencias para todos; cambios sociales, económicos, políticos y religiosos. Los cambios son positivos si nos hacen avanzar y prosperar para alcanzar nuestra meta “VIVIR”, esto es, transformar el sufrimiento por alegría, la violencia por paz, la desidia por responsabilidad, la injusticia por justicia, el desprecio por respeto…
       La Naturaleza nos habla a través de sus manifestaciones: montañas, ríos, árboles, desiertos, volcanes, seres vivos... nuestra historia está inscrita en sus elementos: aire, agua, tierra, fuego, éter. Nuestras vivencias y experiencias nos hablan a través de sus acciones, acciones positivas y negativas. Tenemos que ser conscientes de que cualquier cosa por insignificante que sea permanecerá en el planeta, como dijo Antoine Lavoisier “Nada es perdido, nada es creado, todo es transformado”. Nada puede escapar a los elementos de la Naturaleza.
       Estamos en un punto de inflexión y todos los seres humanos debemos tomar una decisión, o bien vivimos con nobleza en el alma y con ideales que sean por un bien mayor, o bien seguimos matándonos unos a otros. La vida es un camino que debemos recorrer durante nuestra estancia en nuestro planeta, y, si decidimos caminar con honradez y lealtad iremos sembrando semillas de armonía y de sabiduría, de responsabilidad y de voluntad, de fuerza y de coraje, de paz y de libertad, pero, por el contrario, si seguimos destruyendo a nuestra Madre Tierra y seguimos masacrándonos, la violencia y el horror serán nuestro alimento, envenenando y contaminando nuestra vida, el aire que respiramos y el agua que bebemos, convirtiéndonos en robots de egoísmo y de violencia y viendo cómo se descomponen nuestros propios cadáveres. El planeta es nuestra casa, en él nacemos, vivimos y morimos, nuestro camino debe ser pacífico para ir erradicando tantos conflictos de ignorancia debido a la intolerancia e intransigencia.
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       Todo esto nos demuestra, una y otra vez, que las lecciones que no hemos aprendido se repiten una y mil veces, siendo las consecuencias cada vez más violentas y crueles; si queremos dejar una herencia que no sea ver la descomposición de nuestros cadáveres, tenemos la obligación de quitarnos la venda de los ojos para observar lo que pasa a nuestro alrededor y dejar de ignorar al resto de la Humanidad para no seguir caminando por la vida como marionetas sin rumbo, a la merced de otros que dictan como debemos vivir, vestir, comer, respirar o morir. Podemos modificar las situaciones de nuestra vida, modificar el flujo de la ignorancia, de la intolerancia, de la coacción, de la intransigencia por olas de paz y amor.
       Estamos en un profundo cambio, en un punto de inflexión donde nuestra voluntad no puede ser sumisa al poder materialista ni al poder dominado por el egoísmo, narcisismo o codicia. Nuestra voluntad debe ser el artífice para luchar por el Bien para que cada uno de nosotros podamos vivir en armonía y en paz y cuanto más luchemos por la paz, en AHIMSA, y más compartamos nuestro amor y serenidad, más alegría, compasión y perdón albergará en nuestros corazones.
      No podemos seguir estando fragmentados, seccionados, ya que la división debilita las fuerzas y rompe los lazos de la vida. No podemos ser vasallos de las vanidades del sectarismo o de las vanidades del mundo. No se pueden cerrar los ojos ni hacer oídos sordos al clamor de las personas que piden Vivir, que se esfuerzan hasta caer exhaustas por extraer cada día un poco de miel en su vidas. El cambio debe ser positivo y adecuado para todos, aceptando cada uno de nosotros ser parte integrante de la Humanidad.
       Al ser Hijos de la Historia de la Humanidad tenemos una herencia, una parte de ella es violenta y mortífera que debemos sepultar para que no se vuelva a reproducir, y otra parte es de solidaridad, de amor, de compasión y de perdón. En este punto de inflexión debemos decidirnos hacia dónde queremos ir, hacia atrás o hacia la paz y esto conlleva una lucha conjunta por la libertad, el respeto, la dignidad de cada ser humano para no volver a dejarnos llevar por los fantasmas de la codicia, de la intransigencia o de la ignorancia y así evitar cometer los mismos errores por habernos olvidado de ser seres humanos.
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       Todas nuestras acciones y decisiones tienen una repercusión en nuestras vidas y en la de los demás, con consecuencias positivas y negativas. No podemos convivir y no ser conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor. Las relaciones entre los seres humanos y la Naturaleza deben ser armoniosas y equilibradas, creando cambios positivos y avanzando en esta danza que es la vida.
       Estamos en el punto de inflexión y los responsables de llevar a bien estos cambios deben ser conscientes de sus responsabilidades y de sus compromisos hacia las personas y hacia la Naturaleza y no dejarse llevar por fuerzas caprichosas que solo hacen que los seres humanos seamos marionetas en un laberinto sin salida y sin fin. No podemos cerrar más los ojos ante la violencia y ante el horror del mundo; hacia la deforestación, la contaminación y la destrucción de nuestro planeta.
       Hay que romper las cadenas de la esclavitud para liberar la vida.       
Este punto de inflexión nos hace reflexionar y con él marcamos el carácter urgente de nuestra situación. No podemos seguir divididos ni separados, solo estando en la Unidad podremos “renacer”como Seres Humanos.


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