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14 de diciembre de 2016

Hombre-Dios

... de Google.

             Hombre, coge tu lanza y sal a cazar al monte; mas no mates a esa hermosa gacela cuyas crías aún necesitan a su madre.
            Busca el refugio de aquella fresca fuente y sacia tu sed de sangre y aliméntate de bayas aunque no sea lo que más desees.

            Quien te dio la lanza que ahora mismo empuñas te enseñó a cazar y de eso vives, pues tú también tienes hijos que alimentar.
            En realidad matas porque no sabes que hacer para sobrevivir, sino es quitándole la vida a otros animales.
            Ese parece ser el designio escrito en las estrellas. Un destino que desde luego no comprendes y cuanto más se eleva tu conciencia, más te repugna lo que sientes dentro de ti.
            Pero si amansas a las bestias y luego las domesticas, tarde o temprano tendrás que disponer de su carne y para ello habrás de matarlas.
            ¿Qué otras opciones te quedan?
            Y lo terribles del caso es que ya te has acostumbrado a matar y gran parte de los actos de tu vida pasan por la muerte de otros seres: o ellos o tú.
            No hay solución para la cuadratura del círculo. Hay cosas que no tienen remedio, a menos que sea apelando a Dios. Y en ello piensas y por eso diriges tu mirada hacia el cielo buscando respuestas.
            Pero las respuestas que recibes están llenas de contradicciones y con tu sola razón eres incapaz de darles sentido.
            Y por eso has creado los mitos y acudes a las revelaciones divinas, que de ninguna manera son concluyentes, sino te apoyas en tu fe. ¿Pero que decir de la fe cuando el Dios revelado está igualmente lleno de contradicciones y enigmas insalvables?
            Y entonces... no tienes más remedio que volverte sobre ti y confiar plenamente en las señales que tu corazón te envía. Incompletas racionalmente, pues no pueden explicar lógicamente los enigmas, pero certeras en cuanto que te brindan un poderosos soporte para sustentar y dirigir tu vida.
            Entérate de que ese cayado con el que pretendes caminar firmemente no es otro que la consideración compasiva y amorosa que tu alma deposita sobre todos los seres vivos que te rodean.
            Pero no todos los seres humanos eligen naturalmente dicho camino. No siempre aparece tan diáfano el sendero del corazón; ya que el hombre -al igual que el resto del aparente Universo- se siente entreverado por fuerzas oscuras que a menudo lo conducen por otros derroteros.
            Parece haber una intensa lucha de naturaleza que te coloca en una trágica encrucijada entre tu ser animal y tu potencial y enigmática aspiración divina. Tu existencia se transfigura entonces en la de un hombre que desea ascender espiritualmente para convertirse en un nuevo ser mucho más evolucionado: un Hombre-Dios.
            Sin embargo..., por el momento nadie sabe cómo y cuándo llegará a producirse tal milagro.

 
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