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24 de diciembre de 2016

Los Chakras y la Consciencia

... de Google

             Es posible imaginar que todo lo que percibimos a través de nuestros sentidos corporales pueda corresponder a contenidos de la estructura superficial de nuestra mente. ¿Mas cuál es el substrato de tan dinámica actividad? ¿De qué manera es posible que se genere tanta varianza de sucesos sobre una matriz a todas luces limitada? ¿Cuántas estelas podemos trazar sobre la materia del éter o la superficie de los mares, apenas dibujándola con los dedos de nuestras manos?¿Cuántas ideas logramos producir sirviéndonos de un cerebro complejo, aunque clausurado en sus límites físicos? ¿Es posible tal variedad de composiciones sin una trasferencia en horizontal y vertical hecha de múltiples capas de materia-energía que se solapan y solapan ad infinitum?
            Con un número escaso de letras del alfabeto castellano -actualmente veintisiete y cinco disgrafos- un genial escritor como Miguel de Cervantes produjo su Don Quijote de la Mancha; sin embargo, cuesta trabajo imaginar tal arquitectura literaria sirviéndose de tan escasa combinatoria silábica. ¿Es posible que además de los aspectos computacionales-matemáticos de dicha combinatoria nuestra imaginación pueda aportar otras variables de naturaleza mucho más sutil? ¿Y serían éstas las que permitirían el prodigio que se despliega en cualquier ámbito de creación humana que a nivel consciente podemos controlar escasamente? Pues cierto es, por ejemplo, que son muchos los casos en que se da este tipo de fenómenos en procesos de invención literaria.
            Quiero decir que de la misma manera que la estructura superficial del Lenguaje se sustenta sobre una estructura profunda de Pensamiento -ya lo enunció y demostró en el siglo pasado el gran lingüista Noam Chomsky-, sospecho que el propio Pensamiento no es producto único del funcionamiento cerebral, sino que hunde sus raíces en niveles de niveles de consciencia de las que en tiempo real sólo percibimos más que su superficie. El Mundo no es lo que parece y ya es grandioso y complejo a nuestros ojos. ¿Es posible, entonces, que existan otras capas mentales de consciencia?
            Podríamos apostar por esta hipótesis, ya que muchas culturas ancestrales han venido hablando desde tiempo inmemorial de los diferentes niveles de consciencia a los que el ser humano puede aspirar a lo largo de su vida, o si se quiere de sus vidas. Y no parece que sea sino un camino de aprendizaje y desarrollo posibles, aunque lleno de dificultades, y al que sólo unos pocos logran llegar. ¿De dónde procede toda esa fuente de ingenio con el que se baña y alimenta nuestro espíritu? ¿Qué caudaloso río es el que riega con sus aguas de luz las sedientas llanuras de nuestra alma?
            Sí, lo sé; sé que utilizo un lenguaje alegórico -lo hago por necesidad- para describir algo de lo que desconozco absolutamente todo su trasfondo. De ahí que me apoye en metáforas, que movidas por la fugacidad de la intuición, intentan horadar las ocultas profundidades donde yace la savia madre de nuestra consciencia. ¿Podría estar así configurado el núcleo central desde donde emerge nuestro sentido de existencia terrenal? ¿Qué relación puede haber entre materia y energía; si se quiere, entre Naturaleza y Espíritu? Ese podría ser el quid de la cuestión. Y ante tales preguntas sólo podemos utilizar referencias especulativas provenientes del campo de la Física Cuántica, completadas con múltiples experiencias fenomenológicas consideradas como para-normales e inscritas también en culturas que creen en el poder de la mente para cambiar la naturaleza del Mundo. ¿Hay algo de verdad en todo esto? Pienso que sí.
            Es obvio que me muevo en un terreno especulativo, aunque apoyado por el testimonio de muchos seres humanos que han tenido ocasión de experimentarlas y enseñarlas a otros a lo largo de la historia de la Humanidad. Por eso quiero referirme a la posibilidad de existan diferentes planos de consciencia relacionados con los denominados "chakras", que el hinduismo y el budismo reconocen unidos a las parejas manifestaciones del "aura": otro fenómeno encuadrable en el ámbito de la para-psicología y referido a los campos de energías de naturaleza lumínica que los cuerpos vivos son capaces de emitir.
            Aunque nuestro cuerpo -siempre que aceptemos tales creencias- transpira la energía vital a través de multitud de chakras, tradicionalmente se le dan relevancia a siete de ellos ordenados en el eje que configura la columna vertebral: todos pares, a excepción del primero y último de ellos. De abajo hacia arriba, estableciendo una ascensión que podríamos expresar de alguna manera como de la Tierra hacia el Cielo, son éstos: Raíz (Yo tengo), Sacro (Yo deseo) Plexo Solar (Yo puedo), Corazón (Yo amo), Garganta (Yo hablo), Tercer Ojo (Yo comprendo) y Corona (Yo soy).
            Los chakras, para el hinduismo y el budismo, son los vórtices por donde circula la energía que constituye la fuerza vital del Universo, que al parecer entraría y saldría continuamente de nuestro complejo psico-biológico dándonos el tono existencial que sentimos y proyectamos a nuestro alrededor. A través de su dinámica energética de interacción somos en cada instante lo que somos: primero potencialidad encriptada y luego realidad desplegada dentro de un sistema que no está del todo determinado, sino que, por el contrario, deja un cierto margen de maniobra a nuestro "libre albedrio"; merced al cual tenemos la posibilidad de ir construyendo y modificando esa realidad que aparece ante nosotros. Así de fácil: podemos ir experimentándola a través de las diferentes técnicas de desarrollo de consciencia, cuyos métodos e instrumentos han sido recogidos desde hace miles de años en las enseñanzas de diversas culturas orientales: verbigracia las de la India, China, Tíbet y Japón. El desarrollo de consciencia se representa por medio de  la "Kundalini", una serpiente enroscada en el primer chakra (Muladhara en sánscrito) que a través de las técnicas del Kundalini-Yoga es despertada para poder ascender hasta el último de estos y alcanzar así la iluminación de los estados de consciencia.
            Luego entonces, ¿qué podríamos decir acerca de la estructura profunda sobre la que se asienta nuestro ser consciente?
            Albert Einstein nos legó para la posteridad aquella célebre frase tanta veces repetida: "Dios no juega a los dados con el Universo". Y era lógico que en aquel momento arremetiera contra las tesis en boga de la física cuántica y el principio de incertidumbre de Heisenberg. Efectivamente, a nivel macroscópico la materia es predecible en gran medida, mas no lo es en su consideración subatómica, en donde la probabilidad juega sus mejores bazas. Hoy en día este hecho es ya incontrovertible. No podemos controlar la inestabilidad energética de un electrón girando vertiginosamente en torno al núcleo de su átomo; sin embargo, sí la conjunción de éstos constituyendo los átomos, moléculas, partículas y demás estructuras macros hasta llegar a conformar todos los seres de la Naturaleza y el Universo en sí. Al parecer: dos caras de la misma moneda.
            Aplicando estos principios al ser humano podemos llegar a inferir que en el fondo somos probabilísticos, mientras que en las formas constatadas en nuestro cuerpo y nuestra mente, nos concretamos cuando tomamos decisiones y actuamos por medio de nuestro "libre albedrío". Con relación a esto último no entraremos en detalles. por más que algunos investigadores del ámbito de la psico-neurología piensen que nuestra compleja "maquinaria biológica" limita grandemente las opciones de libertad de acción. Aún así, si nuestra voluntad aspira al cambio, al no estar dicha estructura profunda determinada más que en parte, podemos modificar nuestro proyecto vital en relación con infinidad de aspectos; por supuesto -al menos hasta hoy- de acuerdo con las reglas que la materia nos impone.
            De todas formas, puesto que aún nos queda mucho camino por recorrer de la mano de la ciencia para confirmar o no tales creencias, antes de dar por finalizada esta pequeña reflexión, desearía quedarme con una invocación hecha a "las fuerzas" que energizan nuestro yo a través de los siete chakras fundamentales a los que ya nos hemos referido. Dice así:
             "Yo tengo, yo deseo, yo puedo, yo amo, yo hablo, yo comprendo y yo sé".

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