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23 de enero de 2017

La Energía informada


... de Google.
     
       Hoy deseo exponer aquí algunas reflexiones que tienen que ver con un convencimiento personal que viene cobrando cada vez más fuerza dentro de mí, apoyado en los continuos descubrimientos de la actual Ciencia moderna y basado en los principios teóricos de la física cuántica y la teoría de la relatividad de Albert Einstein. Recaen éstas, una vez más, sobre un viejo problema sin resolver abordado desde siempre por la filosofía, aunque bajo otras denominaciones y ropajes de pensamiento. Se trata del conocido binomio que relaciona Materia y Energía, inevitablemente unido a la presencia fenoménica de nuestra consciencia de observadores, y que parece encerrar, de alguna forma, la sempiterna pregunta aún sin responder acerca de quiénes somos. Comencemos.
            La Energía, la Matriz energética total que intuimos que existe, debe contener en sí el o los Universos posibles e imaginados. Cuando colapsa, haciéndose coherente con nuestros sentidos, se transforma en información: materia o pensamiento para nosotros en este mundo de cuatro dimensiones, pues como bien sabemos Einstein descubrió y añadió una cuarta a las tres dimensiones clásicas que percibimos con nuestros cinco sentidos corporales.
            El pensamiento, habitando siempre el curso de nuestra conciencia, es ya Energía informada de unas características determinadas, al igual que lo es también toda la materia que forma parte de nuestro mundo físico; por supuesto, asimismo, aquellas manifestaciones psíquicas que dan lugar a las sensaciones-percepciones y emociones-sentimientos.
            Los paquetes de esa Energía primaria del o los Universos posibles (todo lo que contiene esa Matriz cuántica a la que ya hemos hecho referencia), se convierten después en Energía informada a partir de la emergencia electro-magnética de los fotones emitidos por los electrones que orbitan en torno al núcleo de los átomos. Ello hace posible que podamos visibilizar el Mundo que nos rodea, hacernos conscientes de él y actuar bi-direccionalmente: es decir, desde la Materia al Pensamiento y viceversa. Hay en todo esto un cierto margen de libre albedrío que posibilita que podamos re-crear nuestra realidad personal, convirtiéndonos de esta forma en hacedores de parte de nuestro destino en la Tierra.
            Puede parecer un planteamiento confuso y rebuscado o cogido con pinzas de una manera pseudo-científica; pero para mí -a la luz de los argumentos que las diferentes disciplinas científicas van poniendo sobre la mesa- tiene suficiente coherencia, aunque forme parte de mis creencias personales: hecho éste del que nada ni nadie puede librarse, ni siquiera la propia Ciencia.
            La Energía informada ya en la forma de pensamientos, puede a su vez re-codificarse en otros formatos nuevamente informados; se trataría entonces de una información de segundo orden: el lenguaje en cualquiera de sus manifestaciones. Léase: hablado, escrito, musical, pictórico, matemático. Es manejable hasta cierto punto, moldeable plásticamente. Eso es lo que nos permite crear y re-crear nuestra realidad, colocar en ese texto que aparece ante nosotros -valga el símil literario-, los puntos, comas, puntos y comas, y un largo etcétera, que hagan posible la inscripción en él de nuestra impronta personal. Conocer dicho Abecedario y su Gramática Universal podría ser el objetivo último al que tendería la especie humana en su evolución: ser capaces de programar y re-programar esos paquetes de energía para la mejora de nuestra salud física y espiritual. Pienso que en un futuro no muy lejano esta idea comenzará a hacerse realidad; más la pregunta está de antemano servida: ¿querríamos hacerlo guiados por dicha finalidad?
            De acuerdo con lo expresado hasta ahora, tiene sentido afirmar que todo el Universo visible es en si mismo información, y consecuentemente, como mínimo hasta un cierto nivel, cabe presuponer que es susceptible de ser informado. Valga como botón de muestra el campo científico de la biología molecular, en el que desde hace tiempo se viene trabajando sobre la lectura y re-escritura del genoma humano. La clave no está ya en el genoma en sí, que se creía herméticamente encapsulado en los propios genes, y, por lo tanto, de difícil modificación, salvo en los errores naturales de transcripción. Esta ciencia nos descubre hoy con multitud de investigaciones validadas que eso no es exactamente así; pues sobre esa base genómica, las circunstancia ambientales (que nos incluyen a nosotros mismos con nuestro personal estilo de vida) pueden actuar para bien o para mal modificando dicha estructura, que como sabemos es capaz de generar, perpetuar, enfermar o finiquitar cualquier organismo vivo. Aceptados tales principios, ya no deberíamos hablar únicamente de genética sino también de epi-genética; o lo que es lo mismo, una vez lo hayamos aplicado a un campo específico de la Vida: "de Energía transformada en materia informada, sobre la que podemos tener una cierta capacidad de moldeado, en una dirección positiva o negativa, a través de nuestras propias acciones".
          Por ello, me gustaría concluir con este pensamiento: conforme vamos evolucionando como especie, las puertas del Universo se nos van abriendo poco a poco de par en par; todo va a depender de lo que queramos hacer con ese enorme potencial energético que se ofrece de forma gratuita a nuestras consciencias de seres humanos.





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