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15 de febrero de 2017

Ser o no ser docentes



       Hay veces, muchas por fortuna, que te topas con seres especiales gratamente sorprendentes. Esos que te devuelven un poquito de esa esperanza muerta y yaciente que tantos velamos como a un cadáver por ver si hay suerte y revive. Esta es una publicación espontánea que nos transmite Esther Marín, profesora de arte dramático:



       Trabajo en un Centro de Arte donde en cada esquina hay una oportunidad para dejarse llevar. Ahora, mientras escribo esto desde la sala de profesores, escucho un piano de fondo que me tiene atrapada. Los alumnos más pequeñitos ya se marcharon a casa y alguien practica a estas horas (no sé si es profesor o alumno) suena suave y lento y me acompaña de fondo mientras planifico las próximas dos clases de mañana. No me gusta mucho planificar pero esta tarde se me está haciendo más agradable gracias al sonido de ese piano que se cuela entre estas letras y hace cosquillas.
       Junto a la sala de profes está la sala de pintura, y siempre que paso por ahí, hay alguien inventando algo entre pinceles; curiosa me quedo embobada mirando por la ventana. En los cristales pone "Imagine" en varios idiomas y yo pienso en lo bonito que es soñar sea en el lenguaje que sea.
       Dejo el ordenador un rato y camino entre los pasillos, el piano ha dejado de sonar y me acerco al lugar de donde provenía. Una joven estudiante y su profesora me miran y yo les doy las gracias por la música mientras la joven estudiante sonríe y su profesora me dice orgullosa que era ella, la alumna, la autora de la música y que va muy bien, según ella progresa adecuadamente. 



       Tengo suerte de formar parte de esto, acabo de darme cuenta. Ya lo sabía, solo que a veces olvidamos en el camino lo afortunados que somos. Tengo suerte porque estoy rodeada de gente que ama el Arte, de gente que me quiere y respeta mi trabajo. Casi siempre tienen palabras divertidas, bonitas o de admiración para "la profe de Teatro". Y gente a la que admiro suele venir a pedirme consejo para ver si tengo alguna fórmula mágica para a través del teatro "amansar" a los alumnos más despistados o rebeldes (para mí, esos son siempre los mejores).
       Aquellos que amamos el arte sabemos que hemos elegido un camino duro y a la vez muy bello, y cada día tenemos la oportunidad de cambiar un poquito el mundo a través de lo que hacemos. Lo veo cada día en los ojos de mis pequeños alumnos y también en el de la gente que me rodea, apasionada cada día por su camino (música, teatro, artes plásticas, danza, literatura, vida...) 
       Vivimos enamorados de lo que hacemos. 
       Nos brillan los ojos...

Esther Marín. 
EnR-TV

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