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18 de abril de 2017

La dialéctica poética: La Poesía y el poeta


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          Como afirma Víctor Vich, lingüista y profesor de literatura de la Pontifica Universidad Católica del Perú (PUCP), al realizar un análisis sobre todo lo que rodea o da sentido al concepto formal de Poesía, ésta intenta decirnos algo acerca de tres aspectos fenomenológicos que se muestran relevantes ante nuestro ojos. Y así viene a sugerirnos preguntas (que por su propia naturaleza no puede contestar o dilucidar del todo) en torno a tres centros de atención que tocan de lleno nuestras fibras sensibles como seres humanos. Viene Víctor Vich a decirnos a este respecto lo siguiente:
             "La Poesía dice algo sobre el Sujeto, acerca de los vínculos del Sujeto y sobre el propio Lenguaje".

            No se trata -según él autor de este discurso- de definir qué es Poesía, sino más bien de dar pistas acerca de hacia dónde apunta ésta. Y realmente estas notas que aquí se citan me convencieron, como aprendiz de poeta que soy (entre otras cosas por coincidencias lógicas y sentimiento emocional), de que podemos hallarnos ante un sendero claro a recorrer para acertar a comprender su impreciso alcance, pues, finalmente, la Poesía dice o quiere decirnos algo con relación a una sustancia en el fondo in-decible, que para mí encarna la propia esencia del Sujeto que todos somos.
            La Poesía nace del propio Sujeto y acaba en él dejándonos siempre llenos de extrañas resonancias, misterios que escapan a nuestra comprensión lógica al situarse en una dimensión que está más allá del Mundo corpóreo que percibimos por medio de nuestros cinco sentidos. Y esto tiene que ver mucho -a mi juicio- con la naturaleza singular de nuestro complejo cerebro, cuyos dos hemisferios sincronizados, aunque nos proveen de una visión en apariencia coherente con el Mundo, en realidad nos permiten llegar a percibir como mínimo dos visiones distintas de esa misma Realidad: disponemos de un cerebro lógico-analítico-secuencial que se dirige por medio de signos hacia lo aparente, y un cerebro ana-lógico-holístico-emocional, que se dirige hacia lo in-tangible, usando para ello el arbitrio de los símbolos.
            La Poesía, la literatura en general, la música y el resto de artes creativas trabajan con este último tipo de sintonías; podríamos decir que escrudiñan, tantean un poco a ciegas, qué puede ser aquello que presentimos más allá. Y justo al recalar aquí, viene a mi mente la "filosofía del límite", un aserto sistémico-conceptual de uno de los más grandes filósofos que ha dado nuestro país: Eugenio Trías. Proclama este gran pensador que el hombre es "un ser fronterizo", que vive su existencia sumergido entre dos "cercas": la hermética o sagrada, y la del parecer, que corresponde al mundo que llamamos real; no prioriza ninguna de las dos, pues justo considera el filósofo que hemos de vivir por naturaleza necesariamente entre ambas. La primera nos devuelve una visión de todo lo misterioso que hay tras del Mundo; la segunda nos lleva hacia el mundo fenoménico de lo tangible o profano; el límite se hallaría en medio de las dos. Por tanto, según lo expuesto hasta ahora, al poeta se coloca casi siempre frente a la cerca hermética, intentando adivinar qué es lo que la trasciende, una empresa por demás imposible de alcanzar desde una posición material y profana. Y lo curioso del caso es que hoy en día tenemos nuestra mente enormemente focalizada, justo en el lado contrario: en lo profano; hasta el punto de llevar a cabo un constante ejercicio de sacralización de tal Objeto. Hemos des-balanceado uno de nuestros dos hemisferios cerebrales, dándole máxima prioridad al izquierdo, en detrimento del derecho. Así nos baila la existencia en el marco de las modernas sociedades humanas, según alcanzo a comprender.
            Mas no quiero apartarme demasiado de las acertadas reflexiones del profesor Víctor Vich, cuando a la Poesía se refiere, aunque para llegar hasta ellas y encuadrarlas posiblemente en una visión algo más amplia, haya considerado necesario adentrarme primero en el panorama teórico expuesto hasta aquí.
            "La Poesía dice algo sobre el Sujeto", señala parte de lo que hemos enunciado ya, al referirnos a la posición del Sujeto frente al Mundo. Y lo que afirma Víctor Vich es que la Poesía nos presenta a un "Sujeto" siempre "sujetado" a un algo: una infinidad de condicionamientos que el poeta canta en sus versos, hablando de la limitación de este encadenamiento que constantemente lo maneja y a través del cual añora su liberación. Ello pone en valor el cuestionamiento del tan canonizado libre albedrío, que la neurociencia actual rechaza cada vez más.
            "La Poesía dice algo acerca de los vínculos del Sujeto", viene a significar una ampliación de parte de lo anteriormente expuesto. El Sujeto está atado al vínculo físico y mental de sí mismo, al de los otros y al de la sociedad en su conjunto. Aquí toma cuerpo trascedente, por ejemplo, la poesía amorosa, de importancia capital en el quehacer del poeta; igualmente la poesía social y de denuncia, las cuales apelan respectivamente a la necesidad de compañía, la primera, y de justicia social, la segunda, en un Mundo cada vez más deshumanizado.
            Y, finalmente, "la Poesía dice algo sobre el propio Lenguaje". Lo hace visible y lo representa como un artefacto incompleto, defectuoso, impotente para poder expresar con palabras una Realidad que se le escapa, pues está mucho más allá de la cerca hermética a la que se refiere Eugenio Trías. Las palabras del poeta, aún a pesar de usar constantes metáforas (un lenguaje elevado sobre el propio lenguaje) no pueden plasmar sino borrosamente esa Realidad que mora sustancialmente fuera de "la Caverna", en palabras del filósofo Platón.
            De modo, que el poeta se queda siempre en la antesala de "Algo" que se sospecha mucho más grandioso y perfecto que el Mundo profano de los sentidos. La Poesía, a través de las manos de éste, en esa dialéctica nunca acabada, llama una y otra vez a la puerta sagrada y clausurada de lo in-decible. Y para ello el escritor tiene que dejar casi de lado el lenguaje de los signos para pulsar el de los símbolos, rozar con su alma, si cabe, una estructura mental lógico-emocional con la que aquella está enormemente entrelazada: el muy elevado lenguaje de la Música, aunque sea a través de las palabras.


 Nota: No hago reseña textual acerca de las ideas del profesor Víctor Vich, sino referenciándolas a un video personal subido a YouTube de una de sus clases. Sólo una parte de las que aquí se plasman tienen que ver con ello. El resto de lo que se expone es una reinterpretación y ampliación mía de otras que considero se entrecruzan con dichos conceptos y forman parte de mis reflexiones personales.. 
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