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16 de junio de 2017

Unos gramos de imaginación creadora


... de la Red
             Hay imposibles que constatamos en la eventualidad de cada día, como por ejemplo: que no tenemos alas y por eso, por propia naturaleza, no podemos volar; o respirar en el interior del agua, como los peces, pues nuestros pulmones no está adaptados para esa función. Sin embargo, el ser humano cuenta con un instrumento que supera y suple con creces todo eso: la imaginación. Primero comienza por representar el hecho en su cabeza: "quisiera sentirme como un pájaro o soy como un pez"; luego lo inventa y crea como por arte de magia, sacando de su chistera, naturalmente después de un largo y arduo proceso creativo, el avión o el barco, por atenernos a los ejemplos expuestos.
            ¿Qué extraño artilugio es éste, que nos eleva sobre nuestra propia naturaleza y nos hace ser lo que no somos? Maravilla de las maravillas hasta cierto punto, y terrible algunas otras veces, para el resto de los impotentes seres que cohabitan con los humanos, incluidos muchas veces nosotros mismos. No siempre las creaciones de la imaginación se orientan por buen camino, ya que la mente humana funciona subrepticiamente de manera claramente bipolar: bueno/malo; amor/odio, etc, etc... La energía creadora es posible que sea neutral en sí misma, no así las intenciones de quien la manipula: en este caso el ser humano "creador".
            La sustancia de la imaginación -me gusta emplear este término meta-físico porque creo que apunta certeramente hacia su posible misterio- nos hace volar como los pájaros, pero por un aire absolutamente virtual, bello y peligroso a la vez, pues pienso que en esos instantes de tensión somos idénticos a un trapecista que se juega la vida ante un público expectante que observa al artista ofrecerse al vacío sin ninguna red bajo él que lo proteja; podríamos decir que se encuentra sin duda a merced del azaroso e indescifrable destino. Tenemos la limitada capacidad de ver sólo una parte del futuro inmediato que se nos ofrece ante nuestro ojos, pero nuestra mirada es la propia de un enfermo corto de vista. ¿Qué maquinaria secreta, por tanto, marca la puesta en escena de nuestros ingeniosa creatividad? Nadie parece haber detrás del ser humano que crea, pero eso es sólo una ficción de ficciones que humilde e incautamente nos contamos a nosotros mismos para hacer coherente nuestra íntima realidad. ¡Vaya lío maldito éste del quehacer existencial!
            Si nuestra relación es específicamente con la materia, sujeta las más de las veces a leyes estrictamente mecánicas y lógicas, ya hemos expuesto mínimamente lo que sucede; si por el contrario, se trata de una conjunción mucho más encriptada, la que establecemos con nuestras irracionalidades sentimentales, reaccionamos igualmente creando un mundo artificial y en paralelo. No tenemos remedio, o ese es el único del que disponemos para darle sentido a quienes somos. Podemos odiar o amar, envenenarnos con los celos y la envidia, crecernos con el orgullo y la soberbia o apaciguar nuestro corazón con el amor y la compasión, entregándonos a los demás. Siempre se trata de construcciones ideológicas y sentimentales prodigio de nuestra ambivalente imaginación creadora. ¿Por qué si no se retuercen tantas veces nuestro humores corporales y nos damos de bruces contra nosotros mismo y a la postre con nuestro prójimo? La balanza es tan delicada, tan sutil y lábil, que cualquier inesperado sobresalto puede desviarla en uno u otro sentido.
            ¡Ah, la imaginación creadora! ¿De qué profundo y recóndito lugar procederá?
            Somos un complejo armazón nervioso que reverbera constantemente consigo mismo, neuronalmente hablando en oleadas sincrónicas que recorren todo nuestro cortex cerebral organizado por la zona prefrontal en un bucle recurrente -según afirma Joaquin Fuster, uno de nuestros más reconocidos neurocientíficos- por medio del cual éste hace las veces de director de orquesta; aunque es obvio decir que son muchísimos los componentes de la misma, modulados en un constante baile algorítmico de "abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo": ese flujo trepidante es quien genera nuestra consciencia. Pero además hay en el lóbulo frontal un modulo, denominado por el neurólogo Michel Gazzaniga como "El Intérprete", y ese parece ser el encargado de contarnos una historia siempre coherente con lo que a cada paso nos sucede, dando visos de verosimilitud a nuestra particular realidad: ese relato ajusta todo los desajustes posibles consiguiendo dar sentido paso a paso a nuestra existencia.
            De modo, que somos enormemente emotivos y racionales a la vez, y tenemos una especial cualidad para engañarnos astutamente; para ello nos sirve perfectamente el lenguaje (el diálogo interior) que fantasea todo cuanto puede y "Juega a contar mentiras... tralará". Pensamiento y Lenguaje, Memoria e Imaginación: "todos al poder y por el poder creador". Y así se escribe nuestra historia personal, muchas veces a espaldas de la grandilocuente Voluntad, que no sabemos muy bien donde reside: tal vez en cada una de los componentes de esa orquesta, en todos y en ninguno a la vez.
            Nos erigimos, sin saber muy bien por qué, en re-creadores del Universo que habitamos y además en co-autores de un extenso relato inter-generacional: la Historia de nuestra especie humana. Y todo ello sucede merced a nuestra compleja capacidad cognitiva, que sirviéndose de la imaginación creadora se dobla sobre sí misma e inventa constantemente realidades que no existen en la propia Naturaleza. Sin embargo, un gran peligro acecha en todo ello, ya lo hemos apuntado antes. No hay certezas definitivas en esta rápida revolución científico-tecnológica en la que estamos inmersos; no creo que nuestro cerebro tenga un plan prefijado para evolucionar en un sentido positivo, ya que la propia Historia de la Humanidad nos lo ha hecho ver en más de una ocasión: lo mismo puede haber una evolución que una involución. Necesitamos que nuestra Imaginación creadora (la de toda la especie en sincronía) encuentre el camino y se apreste a elevar culturalmente el edificio de una Ética Universal capaz de hacer posible un Mundo más justo y humano. Es una prerrogativa ilusionante y posible para nuestra joven especie dominante en el planeta Tierra. Nos lo tenemos que creer e imaginarlo minuciosamente hasta elaborar un relato que interpretemos como posible, al fin y al cabo es lo que no deja de hacer ese "Interprete" de la consciencia del que ya hemos hablado: volver coherente, en este caso, una historia definitiva de paz y concordia a escala planetaria.
            Creo que la posibilidad existe y se encuentra, hoy por hoy, con el desarrollo de la consciencia social logrado por el homo sapiens sapiens, al alcance de nuestras manos. Sólo cabe decir que nos corresponde a todos, aportando cada cual su pequeño granito de arena, conducir a buen puerto esta nave que carga en sus bodegas un ideario que es bueno en sí mismo, independientemente de cuál sea nuestro credo, bandera o color de piel.

 
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