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29 de septiembre de 2017

El doble cuántico


... de la Red

             Descubrió por fin su pasión al intuir muy desde adentro lo que deseaba ser. Había pensado largamente en rediseñar su cerebro para que éste le otorgara la nueva experiencia que él presentía desde el fondo de su corazón. Y se lo pidió a su doble: creía, porque lo había leído, que existe un doble cuántico que trabaja mentalmente a velocidades superiores a las de la luz. ¿Sería eso posible a pesar de lo que enunciaba la teoría de la relatividad de Einstein?
            ¿Por qué no podría lograr tal proeza -se dijo- cuando con un sólo golpe de pensamiento era capaz de alcanzar en unos pocos segundos los límites del Universo conocido a partir del punto mental en el que se hallaba?
            Aquella noche antes de dormirse rezó; bueno, digamos que imaginó una especie de rezo. Más bien pidió encarecidamente a su doble que hiciera por él las tareas que había diseñado en un meticuloso plan para cambiar los ejes de su vida.
            Sabía que el cerebro es enormemente plástico y que no está determinado más que por las leyes fundamentales de la Naturaleza, pero que a pesar de ello era posible pensar en un cierto margen de libre albedrío; que puestos a buscar explicaciones, el núcleo de tal transformación debería hallarse en primera instancia en las propias neuronas que tenían que generar el pertinente paso desde la energía a la materia y viceversa. De modo, que al representarse un determinado motivo emocional, produciría modificaciones desde el cerebro al cuerpo y sincronizaría todo su enjambre celular para alcanzar así el estado de felicidad que necesitaba.
            Continuó reflexionando: "Somos un sistema biológico muy complejo, pero a la vez altamente modificable, pues la Vida en esencia no es más que un bucle de información-acción-información, un sistema abierto con constantes reentradas en forma de intercambio entre energía y materia: unas veces somos energía y otras colapsamos en materia, pero dicha materia depende del tipo de energía improntada: o sea de nuestros propios pensamientos".
            Hablaría con su doble cada noche y le propondría cosas, tareas para realizar, planes que este debería diseñarle a la medida ofreciéndole el mejor escenario posible de todos los experimentados, aquel que fuese el más idóneo y realizable de acuerdo con sus posibilidades y perspectivas vitales. Parecía relativamente sencillo: ver el futuro, los futuros posibles y elegir aquel que concitase las mejores condiciones proyectadas a partir de sus humanos deseos.
            No pidió dinero, ni joyas, ni mansiones, ni un trabajo que le hiciera rico o famoso. Por el contrario, su deseo fue muy humano: hallar el Amor. Un amor muy normal y, por tanto, también carnal: el amor de una mujer que quisiera estar siempre a su lado y compartiera sus días con sus noches mientras la Vida le regalara días de existencia en este Mundo.
           Eso fue justo lo que pidió a su doble antes de irse a dormir. Y lo hizo con la plena confianza de que algún día -no albergaba duda alguna, pues sabía que creer en ello era muy importante- ese amor en forma de mujer llamaría a su puerta.


Nota: Este texto, en clave de relato, se enmarca en la "Teoría del desdoblamiento del Tiempo" del reconocido físico francés Jean-Pierre Garnier Malet.


                                                      de "Aves del Paraíso",
                                   Cuaderno de Pensamiento, Poesía y Relato.
                                                                                             (2018)








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