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11 de octubre de 2017

Monólogo

Relato ganador en la primera quincena de Junio del concurso 
de relato breve El Tintero Virtual localizado en la red social Netwriters 
que, junto a EnR,  forman las mejores redes literarias de Internet.

       Doce de la noche. Seis horas para el relevo. La sala principal está tranquila. Los ordenadores apagados. Los teléfonos en su sitio. Las mesas ordenadas. Una silla por cada plaza y en cada plaza. Las persianas, perfectamente desplegadas, impiden la visión del exterior… Sí, el edificio suena. Se nota mejor cuando los empleados imponen el silencio con su ausencia. Regresarán a las ocho. Hay muchas empresas a las que contactar, mucho género que vender… Bueno, ¡género!, módulos publicitarios más bien…
       Longinos emplea diez minutos de cada dos horas en comprobar que lo que siempre ha de ir bien no se haya torcido en esa zona. Es un vigilante veterano. No siempre coincide de guardia con Mucio, pero, su turno de trabajo es mucho más ameno cuando comparten servicio.
       ─¿No te parece, amigo?
       ─¿A qué te refieres, Longinos?
       ─Al mobiliario de esta sala. Siento que se trata de una cuerda de condenados…
       ─¡Vaya! No te suponía tan docto…
       ─¿Por qué dices eso?
       ─Bueno, ya sabes. Los vigilantes tienen mala prensa. Gente ruda, dicen, poco cerebro…
       ─Ya… Hay mucho tiempo para leer y…
       ─… el que lee, progresa. Te lo he dicho muchas veces. Incluso el que tiene en el Marca todo lo que necesita.
       Longinos ha ido apartando el papel de aluminio que protegía su bocadillo de jamón york y queso mientras conversaba con Mucio…
       ─¿Quieres?
       ─…
       ─¡Ah sí, lo olvidaba! Tú, siempre preocupado por mantener la línea…
       ─¡Muy gracioso! Pero, dime, ¿qué es eso que dices de “cuerda de condenados”?
       ─Galeotes, los que remaban en el Mediterráneo… Aquellos a piñón fijo, madero adelante y atrás. Estos otros, con el teléfono pegado a la oreja y la pantalla a la vista como si no existiera mañana…
       ─Te ha dado por la metáfora…
       Longinos responde a la vez que mastica un buen trozo de pan y Mucio le pide que repita…
       ─Es que no te entiendo…
       ─Ya, perdona. Digo que…
       “Llena el buche” de agua y traga…
       ─Ya está. Digo que… De los trabajos forzados, a los trabajos forzados, poco ha evolucionado la humanidad.
       ─Y me harás repetir la lista de los indiscutibles cambios que se han producido de entonces acá social y políticamente.
       ─No, otra vez no, descuida. Eres capaz de rezar los cuatro misterios del rosario sin tomar aire siquiera.
       ─¡Claro que soy capaz! Sabes que no necesito oxígeno.
       ─Lo sé, lo sé. Apago las luces y subimos al tercero. ¿Vale?
       ─Si no hay otro remedio…
       ─Hombre, si lo dices así… puedes quedarte, no te preocupes.
       ─Pues te lo agradezco. Es que hoy no tengo muchas ganas de recorrer la casa.
       ─Sé que, si pudieras, hoy sería por ti y mañana por mí…
       ─Queda la conversación pendiente.
       ─Queda, Mucio.
       Longinos se acerca al cuadro eléctrico, desconecta el alumbrado y sale de la estancia. La nave queda en penumbra. Recibe apenas la luz de la ciudad. Tal vez las papeleras, las revistas apiladas, el pizarrón, los impresos y todo el material administrativo, tengan algo que decir, pero callan… Es un silencio absolutamente solitario. Un silencio que solo podrá ser interrumpido por la única persona a esas horas en vela. Nadie más, en el edificio, hasta el relevo.



Autor: Bálsamo
Relato ganador de El Tintero Virtual, tema “la oficina”








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