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4 de diciembre de 2017

Pensamiento y Lenguaje: Conformando un Mundo En-redado


... de la Red


                 Steve Pinker, reconocido psicólogo norteamericano del Lenguaje, se refiere al "mentales", como una suerte de lenguaje del pensamiento, naturalmente sin palabras o sin soporte estructural de palabras que ordenen en categorías verbales el flujo de la mente. Es causa -yo, al menos, así lo entiendo- de una constante actividad del pensamiento formada exclusivamente por impresiones-qualias perceptivas-conceptuales e instintivas-emocionales, las cuales se entrelazan espacio-temporalmente por nexos de causalidad e intencionalidad estableciendo una cadena de imágenes en espejo capaces de correlacionar nuestras acciones con respecto a eso que llamamos Realidad, la cual fluye ante nosotros en forma de constantes fenómenos de experiencia, de carácter tanto externo como interno.

            Es lógico pensar que haya una relación de ida y vuelta entre la Realidad y nuestra constatación de sujetos, aunque en puridad sólo podemos verificar el variado conjunto de percepciones que nuestro cerebro forma al recibir las señales energéticas a través de nuestros receptores o sentidos corporales. Podemos afirmar, así mismo, que éste decodifica esas señales y les da carta de naturaleza propia convirtiéndolas en una realidad paralela y puramente virtual. Entendemos así que la energía deviene en materia merced a ese isomorfismo existente entre ambos planos. Parece haber "algo ahí fuera" cuya identidad desconocemos, pues se conforma como realidad merced a las funciones neurobiológicas cerebrales en las que aparece entretejida la consciencia. De esta forma construimos el Mundo que conocemos como seres humanos, por supuesto no exactamente igual al que puedan percibir el resto de los animales.
            Mas ese Mundo, aparentemente transmutado, está constituido -siguiendo la concepción filosófica kantiana- por dos "a priori": el Espacio y el Tiempo, dentro de cuyo marco sobrevenido se desarrolla la totalidad de lo que constituye nuestra existencia. Todo ese conjunto de relaciones que se generan y producen en nosotros las percepciones y el pensamiento ocurren porque hay una semántica y una sintaxis (a-verbal) que constituye en primera instancia la maquinaria procesual del cerebro humano. Es obvio que tenemos que aceptar la existencia de una gramática primaria que no esté constituida por palabras y presuponga un substrato sobre el que se asientan los diversos lenguajes humanos convencionales: la multitud de idiomas que existen y han existido hasta hoy y que constituyen el principal medio de comunicación de las sociedades humanas. Todo ello es lo que el psicolingüista norteamericano Jerry Fodor (defensor del paradigma del procesamiento de la información (PPI) y creador de la concepción teórica que aquí exponemos) califica como el "mentales". En ese sentido, evolutivamente hablando, el lenguaje como estructura convencional en la forma de los diferentes idiomas se superpondría sobre la estructura única de base del lenguaje natural o "mentalés".
            Fodor llega aún más lejos y considera y equipara (empleando la metáfora del Ordenador) a este lenguaje primario como equivalente al "lenguaje máquina" (software de programación) que los programadores emplean para diseñar los programas por medio de los cuales los usuarios se comunican de forma intermediaria (software del sistema y aplicaciones) con el hardware específico de la computadora. Hay, como vemos, una parte física (hardware) y una lógica-conceptual (software).
            Obviamente, el cerebro no trabaja exactamente como lo hace un ordenador, pero es igualmente cierto que de alguna forma los ordenadores han sido diseñados por el cerebro humano a su imagen y semejanza; o dicho de otra modo: de acuerdo con las leyes lógicas con las que funciona la mente humana.
            Abundando en dicha temática, tenemos que traer igualmente a escena a otro gran estudioso del Lenguaje: Noam Chomsky. Lingüista y filósofo, cuyas aportaciones acerca de la gramática generativa han abierto camino a otros muchos investigadores en dicho terreno, como el ya citado Steve Pinker.
            Chomsky (no es el único estudioso que lo hace) plantea el innatismo en el desarrollo del Lenguaje y la existencia de una doble estructura en el mismo: una profunda y otra superficial que se soportaría sobre la primera a partir de unas reglas de transformación que determinarían las modificaciones lógicas posibles y el ámbito de las variaciones formales y creativas a que dan lugar. Una doble cara de la comunicación humana: fondo y forma. Algo que los escritores conocemos bien y debemos cuidar en su manejo.
            A pesar de todo lo dicho, aspiramos a elevarnos en esta limitada reflexión dando un pequeño paso que nos acerque aún más a la estructura cerebral que hace posible todo este proceso. Nos referimos a la Mente y su expresión subjetiva; la Consciencia.
            Un magnífico conferenciante, Alan Watss, escritor y pensador inglés que vivió afincado en la costa oeste de Estados Unidos, gran conocedor y divulgador de la filosofía zen en los años setenta del pasado siglo, hablaba así en su escrito "Un Cuadro sin Marco" al referirse a la Mente:
            "La Mente humana capta el sentido de la vida observándola a través de marcos. (...) Al construir un marco cuyos límites son nacimiento y muerte podemos, dentro de esos límites, vivir una vida que aparentemente tienen significado y podemos alcanzar ciertos logros temporales, pero si miramos fuera de ese marco , una extraña inquietud nos embarga, pues antes de nacer no existíamos y después de morir sólo queda de nosotros un breve recuerdo. Los marcos son la verdadera substancia del pensamiento racional. (...) Lo que "es" viene definido por lo que "no es" y viceversa (...) Ello me produce una extraña sensación de vacío y comienzo a sentirme como el irlandés que define a una red como "una serie de agujeros atados por un hilo" (...)"
            El artículo es naturalmente mucho más extenso y en lo poco que expongo he dado algunos saltos para sintetizar lo que más me interesa de él, que no es otra cosa que la percepción y manejo del Mundo por parte de nuestra Consciencia.
            Ya he afirmado en otras ocasiones que el Mundo no es lógico en sí, como la mente humana lo expresa merced al dicotómico filtrado que la misma realiza. La Realidad no es, en absoluto -por poner un ejemplo-, ni blanca ni negra, sino que está llena de infinidad de matices grises entre ambos extremos. Lo que sucede no es otra cosa que nuestro cerebro, al categorizarla, "la enmarca" para que así su complejidad sea más fácil de manipular. Pasamos de percibir una realidad, total, global y analógica, a otra parcial, incompleta y dividida lógicamente.
            Para abarcar tan compleja fenomenología nuestro cerebro se ve obligado a enmallarla con una red que pretende atraparla en su totalidad: es "el Mundo en-redado al que hace alusión el subtítulo de este artículo. Tanto el Pensamiento, como su correlato el Lenguaje, son los encargados de llevar a cabo tan meticulosa cuan virtual disección de la que al final sólo nos queda aquel pensamiento al que alude Allan Watss en boca del irlandés: una red, o dicho de otra manera, "una serie de agujeros atados por un hilo".
            Es obvio que por entre esos "agujeros" se nos escapa parte del Universo: aquello que no vemos ni podremos ver nunca. Nuestra Consciencia es deficitaria por obra y gracia de la Naturaleza, o en su caso, de su Creador. Ya el gran filósofo cartesiano Baruch de Espinoza venía a decir en su Ética que Dios era una única Sustancia con infinitos atributos de los que al hombre sólo le es dado conocer dos de ellos: la extensión y el pensamiento.
            De momento, no somos ángeles. Tal vez algún día la evolución nos conduzca hacia esa cima de conocimiento a las que tales seres de perfección parece que pueden acceder.


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