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13 de enero de 2018

al Poeta Federico Joviné Bermúdez

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Su huella es canto

       Caracol donde el llanto se esconde, devolviéndolo a su lugar de origen. Llanto humano que se esparce como arenas: Chile, Palestina, Vietnam… ¿Quizás el mundo de antes, de ahora y/o de siempre?
       Cantos a Vivian, a los niños, al dolor, al soldado, a los poetas, o a la muerte. Llevando el canto hasta el desierto donde esparcirá la voz. Cantos de amor, velo de gaviotas y besos… Canto a Dalia y Alexander, encendiendo alas y vuelos, o, el cercenado canto que vino del mar. Preguntándose si es compañero, y pidiendo préstamo para el vuelo con sus versos. Versos que son canto y viento que se derraman eternamente, jugando con el sol y los cabellos, con el marinero que arroja peces y promesas para cubrir la tumba, su Patria, derramándose entre sus pensamientos.
       Espera a que renazca el sol tras las tormentas. Marejadas que lo aprisionan en los recuerdos. Su Patria libertad, un lugar donde el concepto es ilusión y Patria resurrecta, obrera, minera, que mira en silencio para yacer: inmensa, heroica, tierna, fluyendo del desierto. Esparcida y diluida como misteriosa luz, fuente para el pueblo, visionando la tarde, pidiendo, proclamando los misterios que ella encierra, donde penetra y se posa: frente, junto a ella, para ser un nosotros.
       El tiempo y las tardes se agigantan, son efímeras mariposas. Tiempos eternos como polvo cabalgando a lomos de los libros.
       Los sueños son: columnas, alta nave, la espera, el despojo, la justicia, el paso de los años, brumas y antorchas, esperanzas, refugios, desgarros, opresión y la paz: el derrumbe de la Patria grande.
       La muerte en su fosa, donde buscar el nombre silente, cargados de promesas en los puertos del pueblo… así fue el ave en su flama.
       Un canto sin tiempo entre manos. Así canta aún el poeta FEDERICO JOVINE BERMÚDEZ, en “Huellas de la Ira”. Desde el recuerdo de la voz de pájaro enjaulado, esparciendo desde lo inhóspito o en la tumba, para levantar a los pueblos, a países descoyuntados, para crear el anhelo desde la palabra y el sueño. Un eco perenne para que no olvidemos.
       Él nos guardaba y aguardaba en éstos versos atemporales. Nos hace repensar qué tipo de minaretes construimos desde nosotros mismos y nuestras patrias; los pensamientos. Para ser viento y salir de nuestras cárceles, adentrarnos en la noche, en la tierra, en el vientre de las conciencias, corriendo desnudos por las praderas del mundo, tal vez: sin fusil, sin casco, ni misiles… sólo con pan y sal, en versículos de una mirada penetrante, sin acallar a nocturnos grillos en un grito al mundo y sus ojos. No en vano fue escrito en el corazón y sus espigas; brisas, cantos de los pueblos, en inmortales primaveras.
       Canto y tibieza del poeta. Oscuridad, negrura, baladas, muerte, la infancia que contempla su borde, su silencio, su círculo, un rostros suspendido. “ahora tu canto es huella” desde la sombra de tus versos.
       Gracias, FEDERICO JOVINE BERMÚDEZ. 




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