Regresaré del silencio

para aguardar tu llegada, mi amor,
y entregarte mi soledad.

Me gustaría, si puedes,
que trataras de arropar
mis añoradas ausencias
con la dulzura de tus besos.

A cambio, yo te entregaría
la dulzura de mis palabras,
dispuestas a ponerse las mejores
galas de una primavera eterna.

Los poemas, día a día, irán
brotando en nuestro jardín
donde, cada amanecer,
ajenos a los murmullos del tiempo,

empezaremos a vivir aventuras
nuevas, esperanzas fascinantes
nos acompañaran por alegres caminos
cubiertos de ilusiones maravillosas.

Por favor, mi amor, no tardes,
me ahogo en el silencio cruel
de la ingrata soledad.

Ya no puedo soportar
sus gritos desesperados
en mi triste corazón, temeroso
por las ausencias y los olvidos.


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