La senda, asustada, se pierde

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LA SENDA, ASUSTADA, SE PIERDE

por la niebla espesa
del atardecer. Desaparece,
de pronto, entre las cenizas
resecas de los recuerdos.

Seres queridos se perdieron
por caminos desconocidos,
extraños, donde su ausencia,
repentina, cambio
el rumbo de los sueños.

Sus partidas provocaron la incertidumbre
del apenado destino.
Se llevaron las claves de la felicidad
y el silencio se llenó de amarguras,

de angustias. Las palabras, incapaces
de gritar quisieron de recuperar
la magia de antaño en hojas arrugadas
que volaron, desesperadas, a lomos
de un viento rencoroso.

Tenían razón, ellas sabían
toda la verdad, conocían
las claves para ser feliz.

Sin embargo, tantas ausencias
fueron acabando con sus ganas de vivir,
la magia se consumió en un rincón
perdido en soledades ebrias de locuras.

No valía la pena luchar. Era absurdo!
Los acontecimientos cambiaban vertiginosamente
y ya no había magia en las palabras moribundas.

La niebla fue devorando amaneceres
luminosos y, por los parques dormidos,
dejaron de vagar las parejas de enamorados.