Soy lo que recuerdo






Es frecuente que escuchemos frases como: “Eres lo que comes” y otras parecidas, pero no soy lo que como, no soy mi madre, no soy los libros que he leído, ni las películas que he visto, ni los viajes que he realizado, etc. Soy lo que recuerdo.



Soy, biológicamente un mamífero superior y la evolución diseñó para mí un cerebro que me permite almacenar vivencias y, en consecuencia, aprender de ellas. Me es útil para evitar situaciones peligrosas y lograr una adaptación idónea al entorno en que me desenvuelvo. Me ha dotado de una memoria que me permite sobrevivir.



Pero a la evolución no le importa que arrastre traumas infantiles, que me hayan roto el corazón, o que eche de menos a mi madre muerta,son situaciones con las que debo lidiar yo sola, tampoco le importa que todo eso determine mi personalidad, en parte.



Nuestra mente tiene sus propios mecanismos de defensa para protegernos frente al dolor que, a veces, producen desastrosos resultados, son inconscientes y de autodefensa, por ejemplo: amnesia post-traumática, lagunas inexplicables, desaparición o modificación selectiva de recuerdos...



Quizás pensemos que, de hacerlo nosotros, lo haríamos mucho mejor, es decir evitaríamos el deterioro de la memoria y acabaríamos con el Alzheimer .Pero ¿y si fuéramos más allá? ¿Y si los avances científicos nos permitieran gestionar nuestra memoria como los archivos de un ordenador?



La película Strange Day nos muestra un dispositivo ilegal llamado AQUID que permite grabar los recuerdos para reproducirlos después y vivirlos con la misma intensidad, es decir permite una evasión adictiva a experiencias placenteras del pasado, como por ejemplo una experiencia sentimental gratificante; el problema se plantea cuando una persona decide revivir los recuerdo de otra, como por ejemplo experimentar lo que se siente al matar o violar a alguien sin sufrir las consecuencias legales y sin haberlo hecho tú ,con lo cual el sentimiento de culpa( si lo tienes, si eres empático) desaparece.



Hay otra película, en la que se pueden eliminar los recuerdos “a la carta” (deshacernos del recuerdo de una ruptura sentimental traumática, de una experiencia desagradable. Pero..., siempre hay un pero, la evolución nos proporcionó la memoria para hacernos más sabios. Si un pequeño ratón olvidara al instante la descarga eléctrica que le ha proporcionado determinada acción ¿Cuántas veces la repetiría?



En la película “Olvídate de mí” existe la posibilidad en un futuro no demasiado lejano gracias a una empresa, de eliminar recuerdos, personas de la memoria y la persona borrada es notificada, ¿cómo nos sentiríamos al saber que alguien nos ha eliminado de sus recuerdos?



Quizás dentro de un tiempo no muy alejado, oigamos una voz como la del antivirus, que nos diga: ¿Está usted seguro de que quiere borrar la carpeta de memoria de “tales recuerdos” y todo su contenido?



Ocupamos mucho tiempo imaginando, programando nuestro futuro, que no es real, cuando lo que realmente condiciona nuestro presente es el pasado, nuestros recuerdos, nuestro yo más intenso, en una experiencia totalmente subjetiva pero muy real para nosotros.



En bastantes ocasiones me he hecho la siguiente pregunta:¿De qué está hecha la memoria? A veces pienso que de un material espeso, viscoso, denso y muy indiscriminado, sin selección previa alguna.



Un océano de imágenes que evocan recuerdos y al nadar en él desaparecen como burbujas que explotan o se reafirman con una nitidez sin medida; en ocasiones nos parece haber perdido, meses, años, décadas de nuestra vida, pero de pronto: un olor, una comida, un vestido, una canción, un objeto… ponen delante todo el universo de las constelaciones que componen un fragmento de nuestra vida y reconstruimos nuestra historia.



La intervención de los órganos de los sentidos en la memoria ya sería cuestión de otra reflexión, pero por ejemplo, nuestro cerebro se ha especializado en leer rostros, caras. Con un scaner podemos visualizar lo que ocurre en el interior del cerebro al ver una cara; en 160 milésimas de segundo ya identifica los rasgos y, en menos de medio segundo lo reconoce, si ya lo ha visto antes. Hay grupos de neuronas especializados: unos en el color, otros en la forma, otros en el movimiento de las facciones, otros en recuerdos asociados que comparan lo que hemos visto con lo que tenemos delante. La capacidad de recordar un rostro querido, de un amigo, de un primer amor, aunque los cambios debidos al tiempo concurran tozudos, es impagable.



CARMEN FABRE



fuentes: revista REDES, Carmen Pacheco . Investigación y Ciencia